Cuando me preguntan qué es el Nuevo Orden Mundial (NOM), siglas inventadas para describir el movimiento cultural imperante desde finales desde los años ochenta del pasado siglo XX, así como el consenso de los ricos -siempre tendentes a las más sublimes chorradas- ahorro tiempo y esfuerzo mental: si quieren saber qué es el NOM lean las entrevistas de contraportada del diario La Vanguardia, que se ha convertido en una mezcla de mi admirado seny catalán y de mi apostrofada progresía.

Verbigracia: la publicada el miércoles 5 de octubre con Takashi Asano, un ingeniero ecologista la que se presenta como "el gurú del reciclaje del agua".

Hasta ahí todo va bien. Incluso cuando nos desgranan los métodos para fabricar agua y nos aconsejan que no utilicemos la desalinización, porque consume mucha energía, ni los trasvases de cuencas, porque llevan mucho cemento y nos animan a utilizar agua de wáter, convenientemente reciclada, el asunto puede darse por bueno, oiga, él sabrá.

Ahora bien, para conocer el alcance de una persona conviene revisar, aún más que sus conclusiones, sus premisas. De la misma forma para conocer un régimen político conviene revisar su Gobierno diario pero también su constitución, que es la que determinada su gobernanza. Es decir, para conocer a un hombre hay que conocer qué es lo que le mueve, su filosofía, su cosmovisión vital. El amigo Asano -no me pierdan la segunda 'a'-, nos lo explica así: "Me casé con otra ambientalista: no tenemos hijos para preservar el medio ambiente". No entremos en su privacidad: no le preguntemos cómo hacer para no tener hijos. No es esto, señores, no es esto. Vamos a la constitución Asano: no tener hijos para preservar el planeta es algo muy parecido a decir: "No hacemos vino para no desgastar los vasos". Al final, resulta que hemos pasado del jocundo "no queremos medio ambiente, lo queremos entero" a la pedante conversión del medio en fin, del medio ambiente en objetivo final con el hombre convertido en medio. El método Asano es eso: la abolición del hombre.

Aplicando el imperativo categórico de Kant, si todos adoptaran ese método de vida, si todos hiciéramos lo mismo, no procrear, tendríamos un planeta presuntamente limpio y perfectamente deshabitado. Es decir, el ideal Asano se concreta en la bomba de neutrones, aquéllas que terminaba con los seres humanos pero dejaba el botín intacto. Y ya puestos a llevar al límite una teoría -que es hasta donde deben llevarse las teorías y las prácticas- Asano está cometiendo un lamentable error: para preservar el medioambiente, Asano no sólo debe evitar la descendencia, debe suicidarse hoy mismo. Ha vivido ya demasiados, ensuciando el aire con sus pulmones y depredando al pobre planeta azul.

Todas las ideas majaderas resultan reversibles. Quiero decir que si hay que elegir entre aniquilar a los hombres y aniquilar el planeta, personalmente, y comprendo que soy parte implicada, yo preferiría aniquilar el planeta.

El NOM es peor que Hitler. Hitler no quería aniquilar a la humanidad, sólo a las razas que no le eran gratas. El panteísta ecológico y medio ambiental Asano -NOM en estado puro- pretende aniquilar a todas las razas. Eso no es genocidio, sino un holocausto en todo regla, holocausto global y definitivo a través de la negativa a tener hijos. Y el problema es que el hombre sabe cómo regenerar la naturaleza, de hecho, la fertiliza, pero no tiene la menor idea de cómo regenerar la vida humana, racional, de los brazos de la muerte. Este es el problema.

Por cierto, cuando falla la premisa suele fallar la conclusión, y cuanto más experto en una técnica es el sujeto, más suele fallar si parte de una cosmovisión falsa. Y es que si se aplica una lógica seria partiendo de una premisa errónea, es seguro que la conclusión será un desastre. Es más posible que el ignorante, por puro azar, dé con la clave. Quien no dará nunca con ella es el experto que parte de una filosofía churrigueresca. Ejemplo: la mejor manera de producir el agua no es potabilizar las letrinas sino producir verde. Los cultivos consumen agua pero también la producen, mediante la evaporación de bosques y cultivos. Si no, ¿cómo se imaginan que ha sobrevivido el hombre antes de que se inventara, anteayer, la rigurosa ciencia medioambiental?

Eulogio López

[email protected]