Ocurre lo mismo que con la caída de Zapatero o con la Primavera árabe. El domingo hay elecciones en Andalucía y el Partido Popular –aseguran las encuestas- podría ganar. Resulta maravilloso terminar con la corrupción del PSOE en la región más poblada –por tanto, la más importante- de toda España, como es Andalucía.

Ahora bien, ¿cuál es el recambio de dos tipos tan peligrosos como Manuel Chaves y José Antonio Griñán? ¿El insípido Javier Arenas?

Bueno sí, como no ha tenido el poder, Arenas no ha podido mangonear; Chaves y Griñán sí. Ahí estamos de acuerdo: todo cambio en Andalucía debe ser para mejor. Ahora bien, dicho esto, ¿dónde está el recambio?

Javier Arenas es un personaje insípido. Ha sufrido el desgaste ideológico y vital del grupo político en el que se inició: la democracia cristiana. Pertenece a ese mariachi de políticos todoterreno, cuyo arquetipo es, precisamente, su suegro, el abogado Manuel Olivencia. Gentes que podrían haber figurado en cualquier formación política, de espíritu tecnócrata, poco amigos de principios y especialistas en la supervivencia. Gente que cae de pie, ora en territorio socialista, ora en territorio popular.

Sí, Javier Arenas presenta una gran ventaja frente a Griñán: no se ha convertido en un miserable, como le ocurre al socialista, por la sencilla razón de que no ha tenido oportunidad. Miserable, digo, en sentido prístino: esclavo de sus miserias, de su bajura de miras y, sobre todo, del mantenimiento en el cargo.

Pero por lo demás…
Eulogio López
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