Lo explicó Ana Pastor, no la ministra sino la importante, la presentadora de los Desayunos de RTVE, premiada por la Academia de RTVE (perdón, Academia de TV): "Mi obsesión es poder mirar a mi hijo a la cara toda la vida porque no quiero que se avergüence y que alguien le diga que su madre agachó la cabeza ante al poder".

Muy cierto, doña Ana: usted jamás ha inclinado la testuz ante el poder en otra cosa porque usted es el poder. De lo que sí podría acusársele es de obligar a los demás a inclinar la cabeza ante su poder. Por ejemplo, el poder de hacer una revista de prensa donde aparecen todos los medios menos La Gaceta, quizás porque el ideario del periódico es cristiano, y a doña Ana, progresista ella, no le agradan los católicos.

Por ejemplo, para hacerle la entrevista más puñetera que recuerdo al arzobispo de Barcelona, monseñor Sistach, quien tuvo la inocente idea de aceptar la invitación al estudio, y donde fue utilizado para masacrar a aquellos obispos que doña Ana no considera 'versos sueltos', como monseñor Reig, titular de Alcalá.

Por ejemplo, para masacrar al masacrado árbol caído Carlos Dívar con la presencia de la portavoz del CGPJ, Gabriela Bravo... etc, etc, etc.

Tranquila doña Ana: usted nunca se achanta ante el poder, es decir, ante sí misma. Eso sí, los que nos vemos obligados a achantarnos somos los 'no progres' que somos los que no disfrutamos del poder y nos conformamos con roernos el hígado ante sus ataques.

Eulogio López

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