El documento que el miércoles hacía público la Conferencia Episcopal Española acerca del amor humano merece atención aparte.

La descripción inicial del documento episcopal es tremenda: No podemos olvidar, aseguran los prelados "las sombras que se extienden sobre nuestra sociedad. Las prácticas abortivas, las rupturas matrimoniales, la explotación de los débiles y de los empobrecidos –especialmente niños y mujeres–, la anticoncepción y las esterilizaciones, las relaciones sexuales prematrimoniales, la degradación de las relaciones interpersonales, la prostitución, la violencia en el ámbito de la convivencia doméstica, las adicciones a la pornografía, a las drogas, al alcohol, al juego y a internet, etc., han aumentado de tal manera que no parece exagerado afirmar que la nuestra es una sociedad enferma".

Mucho me temo que es así. E incluso falta la alusión al matrimonio homosexual y a la homosexualidad misma, precisamente cuando el Tribunal Constitucional -son muy previsibles estos chicos- se preparan para legalizar el homomonio. Y es que si el aborto es el principal tentado contra el derecho a la vida en el siglo XXI, la homosexualidad es el mayor atentado contra el derecho a la familia natural.

En cualquier caso, hablamos de una sociedad enferma porque no ha asumido la civilización del amor. ¿Y cuál es la clave de esa civilización? Pues en lo que respecto al amor erótico, la clave se llama compromiso. Al final, toda la filosofía cristiana sobre el amor puede resumirse en la definición de ese amor: amor es entrega. Donación de uno mismo. El matrimonio, o puerta de entrada al a familia también se define rápido: Matrimonio es compromiso. ¿Y familia? Familia es compromiso más apertura a la vida, porque de las convivencia matrimonial entre hombre y mujer salen eso, nuevas criaturas de la raza humana.

Con ello tenemos a la familia constituida como "célula de resistencia a la opresión", porque la familia es la única institución donde se mide a la gente por lo que es, no por lo que aporta.

A partir de esas ideas básicas podemos escribir millones de páginas (se han escrito) sobre el amor humano. Podríamos por ejemplo, utilizar la descripción más gráfica de Juan Pablo II: amar es lo contrario de utilizar. Y también del mismo autor, otra imagen que escribe perfectamente al amor entre hombre y mujer: al otro lado hay una persona que no desea que le hagan daño.

Eulogio López

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