El catequista estaba formando a la chavalería que se prepara para la primera comunión. En un momento dado, les pregunta:

-¿Quién es la patrona de Madrid

El listillo del grupo responde, sin dudar:

-Ana Botella.

El catequista se ve obligado a aclararle que no, que la patrona de Madrid es la Virgen de la Almudena. Ana Botella debe conformarse con el título de alcaldesa, o primera autoridad de la Villa.

Sí, es sólo una anécdota, divertida e inane, pero da que pensar. En plena era cristofóbica resurge el regalismo y los chavales confunden a la alcaldesa con la patrona.

España es tierra de María, apenas existe villa sin advocación mariana. En el caso de Madrid, la Almudena es una historia muy española. La de una imagen escondida ante la dominación árabe en la península. Los cristianos reconquistaron España al Islam y la cosa se arcotó más de seis siglos. De otra forma, hoy vestiríamos chilaba y quién sabe si, además, la vestirían también otros pueblos europeos.

Al tiempo, la degradación moral que sufre España se debe también a su alejamiento de María y de lo que ella representa: la civilización del amor, de un amor recio y puro, noción que estamos perdiendo. Para buena parte de los españoles de hoy el amor es eso que empieza, y termina, en la cama. Porque, así entre nosotros, la actual España a veces parece una pocilga donde imperan la pornografía y el derecho a matar. Dos realidades que van muy unidas y que, además de degradantes producen una cosecha de vulgaridad.

Sí, conviene que los madrileños de adopción festejemos a nuestra patrona. Pero no es Ana Botella, es Nuestra Señora de la Almudena, de cuya celebración en la catedral madrileña responderá el cardenal Rouco (en la imagen).

Eulogio López

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