En este momento, la alianza más probable en Alemania, tras las elecciones del domingo, es que los dos grandes partidos, los socialistas del SPD y la democracia cristiana (poco de democracia y nada de cristiana), lleguen  a un acuerdo para crear la gran coalición. La misma del primer mandato de Ángela Merkel.

Y esto es malo. Que la mayor democracia europea -por número de habitantes, digo- se empeñe en crear el partido único, porque el único objetivo político del momento es la estabilidad, que es la característica clave de los cementerios. 

Es la concesión del Gobierno, no como un partido que ha aprobado su ideario en las urnas sino como un consejero delegado de una empresa que realiza la "única política económica posible". ¿Qué más da que sean democristianos o socialdemócratas, eternamente enfrentados, como no puede ser de otra forma, por sus ideas Ahora resulta que no hay ideas y que Ángela Merkel y Peer Steinbrück (en la imagen) escenificaron un combate amañado durante toda la campaña electoral. Señores: un gobierno no es un 'gestierno', y cuando un político no tiene ideología -o ésta es intercambiable- es que tampoco tiene ideas y, sobre todo, no tiene principios. Esto se llama tongo.

Lo lógico es que gobierne el partido más votado y trate de convencer a las minorías de que le apoyen ley a ley, decreto a decreto. La democracia no es un sistema que funcione sino donde funciona según dicta la mayoría y respetando a las minorías.

Da la impresión de que a algunas democracias occidentales sólo les preocupa seguir caminando sin saber hacia dónde caminan.

A ello contribuyen las barreras al sistema. Liberales y euroescépticos se han quedado un pelín por debajo del 5%. Con un puñado de votos más tendrían siete diputados, con un puñado de votos menos no tienen ninguno, lo que no deja de ser un fraude al voto popular.

Eulogio López

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