Ignacio Camuñas es, ante todo, un tipo de con sentido común. Algunos años, el ex ministro de UCD, conserva todo su entusiasmo a sus muchísimos años. Ahora ha puesto en marcha el Foro de la Sociedad Civil, aunque se presenta ya con unos cuantos informes a sus espaldas.

 

Su declaración de intenciones no deja lugar a dudas: el primer objetivo consiste en reducir el asfixiante peso de las comunidades autónomas y de una España, no invertebrada, sino tan vertebradísima que produce dolorosos espasmos. Las personalidades del Foro piden una reforma constitucional que solvente las tensiones continuas entre Estado central y comunidades autónomas. Un eufemismo, sin duda, porque lo que naturalmente se está pidiendo es un retorno al centralismo y una reducción de los 17 poderes regionales.

Por lo general, los comunicadores norteamericanos tienen razón: no se debe decir aquello que la gente no está dispuesta a creer aunque sea cierto. Con todos lo eufemismos que se quieran, solicitar una vuelta atrás en el Estado autonómico, con don Jordi Pujol desmelenado y don Artur Mas incurriendo en leso pecado de cursilería nacional, era algo impensable hace apenas dos años. Recordemos que el zapaterismo ha estado marcado por el Estatut que era un ir más allá, cuando ahora se pretende un volver hacia acá.

Pero, en efecto, la crisis, o la estulticia de prohibir los toros en Cataluña o los pinganillos del Senado han hecho virar a la opinión pública, que está hasta el gorro de identidades y se vuelve hacia la ideas, sobre todo cuando se percata de que las ideas pueden crear empleo mientras las identidades, la continua trifulca ente el centro y la periferia de España, no hacen más que restar energías y destruir productividad. En definitiva, volvemos al centralismo por razones económicas. 

Aún más el cainismo que han generado algunos nacionalismos, así como los intentos egoístas de ambos partidos (últimamente el PSOE, pero también Aznar pecó de alianza con los nacionalistas, tanto vascos como catalanes y canarios, han vuelto a mucha gente hacia el centralismo).

Y eso es lo que pide el Foro de la Sociedad Civil: una reforma constitucional que cierre el proceso descentralizador y que, no nos engañemos, lo acote en términos razonables. Pujol, que se pasó décadas quejándose sin razón, ahora debe empezar a preocuparse con motivo, porque los españoles, en efecto, se están centralizando y ese magma resultará mucho más decisivo que las actitudes electorales de Zapatero o Rajoy.

Personalmente, me preocupa más -aún- el cainismo enardecido por los catalanes que la productividad. Y también me preocupa la espantosa burocracia que ha generado el Estado de las autonomías. Quiero decir que el proceso descentralizador que oportunamente  solicita el foro debe hacerse hacia abajo. No se trata de trasferir competencias de las Comunidades a la Administración central sino de reducir instituciones en ambas administraciones. Hay que suprimir funcionarios pero, sobre todo, hay que reducir el número de cargos políticos, los más inútiles de todos.

¡Bien por el Foro!

Eulogio López

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