Lo primero, ser agradecido. Gracias, doña Cristina Fernández: con su cacicada ha conseguido usted unir a un país cainita como España.

Dice el humorista Forges, en El País que el patriotismo no puede tener como objetivo una petrolera. Hombre, mejor tener como objetivo una petrolera que una cañonera, como en tiempos no tan lejanos. Además, no se trata de proteger a Repsol sino de proteger la justicia. Porque lo peor es que ha hecho el peronismo radical es aplicar el clásico de que el fin justifica los medios.

Aunque no deben apurarse en exceso: el patriotismo español durará poco y enseguida volveremos a nuestro deporte prioritario: desguazarnos unos a otros con gran entusiasmo.

El verdugo que se convierte en víctima.

Lo peor, la imagen, no del Gobierno argentino, sino de los argentinos en España, que ya no es buena, se ha hundido definitivamente.

Y lo más importante: Cristina Fernández no ha hecho otra cosa que excitar el odio a la 'madre patria' y gozoso ha acudido a apoyarle Hugo Chávez y, a buen seguro, no faltarán los aplausos de Evo Morales o Rafael Correa, Cuba, Nicaragua y demás compañeros nostálgicos de los viejos días de la guerrilla.

Ahora bien, el odio de algunos hispanoamericanos a España sólo refleja una peligrosa falta de identidad porque Hispanoamérica es obra de España.

Eulogio López

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