• La privatización del gestor aeroportuario se convierte en otra pifia del PP.
  • Nada está claro: ni el puesto de José Manuel Vargas ni la suspensión definitiva de la OPV
  • La privatización de los aeropuertos españoles se parece cada día más a la reforma del aborto: primero suspensión, luego supresión.
  • Eso sí. Rajoy ordena que se salve la figura de Ana Pastor.
  • La vicepresidenta del Gobierno asegura apunta a la empresa como culpable. ¡¿En una privatización!
  • Además, el ministro Guindos apoya ahora a Álvaro Nadal en su lucha contra Vargas.
  • Y la gran mentira del Gobierno continúa: esto no ha ocurrido por un error de procedimiento.
  • Cuando lo que Nadal y Guindos sospechan es que alguien ha metido la mano en la caja.

El Gobierno ha no-decidido que la privatización de AENA, como adelantábamos en nuestra edición del jueves, se suspenda hasta febrero. Digo no-decidido porque nada se sabe oficialmente, salvo la gran mentira oficial: que todo se debe a un error de procedimiento, a que resulta que el auditor habitual no puede ser quien forme la cartas de conformidad -de conformidad contable- porque eso sería gravísimo y entonces los cuatro jinetes del Apocalipsis caerán sobre nosotros. Nadie se lo cree, claro está, pero hay que mantener la ficción.

Y entones va la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría -mediodía del viernes 31, víspera de Todos los Santos (pero no de los santos inocentes, que caen el 28 de diciembre)- y nos dice que hay que recordar que "fue la empresa (es decir, el Ceo José Manuel Vargas) quien solicitó al privatización". Es decir, que en una privatización el sujeto no es el propietario, el Estado, sino el gestor que administra el día a día. Esta doctrina será muy celebrada en los próximos cursos de postgrado. En cualquier caso, la culpa es de Vargas, no de Ana Pastor.

Y no sólo eso. Soraya insiste en el 'error de procedimiento', cuando la pregunta que todo el mundo ese hace es esta otra: ¿quién ha metido la mano en la caja Y si no la han metido parece lo contrario.

Ningún error formal, jurídico, cosa de abogados, impide paralizar una OPV ya puesta en marcha. Eso no contribuye mucho a la marca España ni tan siquiera a la atracción de capitales. Como no contribuye que en un mismo proceso, en el espacio de dos  meses, se duplique la valoración de la empresa. O como no contribuye el hecho de que en vísperas de una privatización, la ministra Ana Pastor decida, influida por Vargas, congelar las tasas, el gran ingreso de AENA, por diez años.

Como no se entiende que se anunciara una OPV sobre el 60% del capital y se acabe en el 49%, lo que tiene dos lecturas, y dos valoraciones totalmente distintas.

Como no se entiende que Fernando Abril Martorell, amigo de José Manuel Vargas, representante de los Mach, uno de los inversores previstos, entre como consejero independiente de AENA y no como dominical en representación del nuevo accionista.

En resumen, menos coñas: no estamos ante un error de procedimiento, sino ante alguien que se ha propasado y el Gobierno Rajoy, advertido, ha dado marcha atrás, no vaya a ser que estalle el escándalo.  Pero esto se parece cada vez más a la reforma Gallardón sobre el aborto: primero retrasos y más retrasos, luego suspensión en busca del consenso, y luego pasamos de la suspensión a la represión. A estas horas no sabemos el final, pero alguno ya lo sabe.

Al parecer, alguien estaba empeñado en malvender AENA y cuando el Estado malvende es para sospechar que el comprador premie a quien le ha conseguido tan buen precio. 

Eso sí, Rajoy ha advertido que no está dispuesto a que la ministra Pastor pague políticamente por los hechos. Ella no sería verdugo sino víctima.  Álvaro Nadal y Luis de Guindos, han sido los más duros en la última etapa: todo se ha planteado mal desde el principio y hay que volver a empezar. Y, si es necesario a suspender la operación. En el entretanto, José Manuel Vargas queda en entredicho aunque salva momentáneamente su cargo: al alargar el proceso, hace realidad que es difícil echar a un Ceo en pleno proceso privatizador. Pero ya nada volverá a ser como antes en AENA, eso seguro. Y si se logra valorar como es debido, pues a lo mejor nos olvidamos de todo. Pero, por ahora, AENA es otra pifia del PP. Pifia grande, pifia enorme.

Eulogio López

[email protected]