Los padres tienen el deber de la educación integral de los hijos sabiendo que el mejor negocio de su vida consiste en formar bien a sus descendientes. Son los primeros educadores y no pueden delegar esta responsabilidad.


Los padres deben ser amigos de los hijos ya que les confían sus problemas, les consultan sus inquietudes y de los que esperan una ayuda eficaz y amable.

Los hijos recibirán, de sus padres, el aire fresco de la libertad responsable.

El amor a los hijos es el alma de la educación. Enseñarles a amar al prójimo.

Hay que vivir como se desea que vivan los hijos, dándoles ejemplo. La educación de los hijos debe ser personalizada ya que cada uno tiene sus singularidades.

Educarles en la libertad implica, necesariamente, ejercer la autoridad.

Los pequeños problemas infantiles son motivo de educación y los consejos recibidos se aceptan porque nacen del cariño.

En el adiestramiento de los hijos se debe buscar un equilibrio entre la demasiada bondad y el excesivo rigor. No hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad personal sin libertad.

Los esposos deberán seguir una orientación común en la educación de la prole.

La unidad de pensamiento, de corazón y decisión de los padres, es uno de los más acertados juicios que pueden ofrecer a sus hijos.

Cuando los chavales ya saben discernir entre el bien y el mal se les debe respetar su libertad. Se les debe inculcar que una libertad sin responsabilidad es libertinaje.

También los padres deben hacer un seguimiento de los estudios de sus hijos a través de los profesores del colegio. De no existir esta cordial relación puede llegar el fracaso escolar, un drama que, con un poco de esfuerzo se puede evitar.

Los progenitores deben cuidar el tiempo libre y el descanso del fin de semana ya que todos los aspectos que conforman la vida de una persona joven han de ser objeto de  de una preocupación cariñosa por parte de los padres.

En una sociedad que ignora la moral cristiana hay que enseñar a los hijos a saber administrar su libertad. El que los niños en el tiempo libre vean la televisión está bien, pero con un control de los programas que están viendo.

Siempre junto a la libertad debe estar presente la responsabilidad. La función de los padres no acaba nunca pero llega un momento en que, con delicadeza, deben retirarse para que los hijos hagan un buen uso de su libertad.

Dejó Dios al hombre -nos dice la Sagrada Escritura- en manos de su albedrío.

Clemente Ferrer

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