Antena 3 emitió ayer jueves la gran final del programa infantil "Tu cara me suena mini", presentado por Manel Fuentes. Este "talent-show" regresa con una edición protagonizada por 8 niños que deben demostrar su talento, desparpajo y capacidad para transformarse en los cantantes más famosos del panorama musical. Ganó el premio final la niña Abril (en la imagen).

Pero los niños no actúan solos, cada uno de ellos tiene un famoso asignado que les va a llevar de la mano en todo el programa. El jurado está compuesto por Carlos Latre, Mónica Naranjo, David Bustamante (como jurado ocasional) y Ángel Llácer, y valoran la imitación, la música y la interpretación.

En las galas semanales, cada pareja concursante debe defender la actuación que ha preparado durante la semana. El premio final consiste en una beca de estudios musicales para el niño ganador.

Tras varios concursos de talentos donde los niños ocupan el lugar protagonista, llega la versión mini del célebre programa de imitaciones "Tu cara me suena". En este caso, los participantes son parejas formadas por un niño (de entre 6 y 13 años) y un famoso. Juntos, deben enfrentarse a una actuación en la que suplantan la identidad del artista original.

El inconveniente que tiene este programa consiste en la dificultad de lucir a un niño cuando el adulto no sabe ceder el lugar protagonista de los pequeños concursantes.

Por otro lado, una de las particularidades del formato adulto es la imitación, con la que se propone un ejercicio de humor donde el ridículo es su mejor aliado para divertir al público. En "Tu cara me suena" el talento musical es menos importante que la desvergüenza y el salero. Pero en el caso de la versión "infantil" ocurre lo contrario y, así, en el afán de mostrar a niños portentosos, la imitación queda relegada y no hay lugar para la parodia. Y la audiencia está un poco saturada de niños cantores.

Si se superan todas estas adversidades y el espectador decide entregarse a este formato, se enfrenta a un grupo de bailarines corrientes de coreografías igualmente pedestres; a unas valoraciones simplistas del jurado y a sus comentarios vacíos; a familias propensas al llanto y ávidas de reconocimiento mediático y a manipulados momentos de emoción desbordada.

Clemente Ferrer
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