El abortero no sólo es homicida, es mentiroso. Ni la desfachatez de la propaganda anti-vida presente entre la gente más importante del planeta, en los grandes foros internacionales, consigue evitar la mala conciencia del abortero.

Estamos hablando de niños masacrados o de productos químicos que acaban con niños. De ahí los subterfugios que emplea Naciones Unidas, centro neurálgico del mercado de la muerte para disfrazar el homicidio como desvelo por la salud.

Cómo no, es el gran Sanahuja quien lo denuncia en Noticias Globales, con su habitual rigor, sin dejar lugar a las dudas. Y sólo tengo que encarecerles que entre las entidades de Naciones Unidas que conspiran contra la vida no sólo está el tristemente famoso Fondo para la Población (es decir, para la despoblación) de Naciones Unidas, sino UNICEF, más peligroso porque tiene mejor prensa.

Sanahuja tiene, además, el acierto de recordar el interesadamente olvidado Objetivos para el Desarrollo del Milenio (OMD), que también habla de salud reproductiva (eufemismo para referirse al aborto y a la contracepción) y que incluso han apoyado algunas ONG católicas, como Manos Unidas, por no hablar de las más importantes empresas españolas, deseosas de aparentar filantropía.

Lo dicho: aborteros y embusteros.

Eulogio López

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