Rubalcaba ya no engaña a nadie: lo que ha perdido en las urnas quiere recuperarlo en la calle, lanzando a estudiantes ingenuos, sindicatos nada ingenuos y antifascistas varios a armar follón.

 

Ahora bien, hasta ahí estamos en un problema de orden público y esa no es la cuestión.

El verdadero problema de la reforma laboral no sólo es que no va a crear empleo sino que, además, colaborará en la precariedad salarial de los españoles. La reforma va a tener una primera víctima: CCOO y UGT, los sindicatos del sistema capitalista vigente. Las dos centrales de clase son las que ven en peligro su poder y sus salarios y por eso se vuelven violentos o animan a la violencia: les han tocado el bolsillo.

De otra forma, no se entiende que los mismos sindicatos firmaron un vergonzoso acuerdo de congelación salarial en un país con salarios bajos, dos semanas antes de aprobado el anteproyecto de reforma, y que antes no habían abierto la boca con la congelación del salario público -Gobierno Zapatero, ratificado por el Gobierno Rajoy- se rasguen ahora las vestiduras cuando surge una reforma que reduce su poder, sus subvenciones, su dinero.

Exactamente, ¿por qué luchan Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo?

Eulogio López

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