El Nuevo Orden Mundial (NOM) ataca de nuevo. Esta vez con la estadística por arma y con su habitual estilo reiterativo, machacón y dolosamente cansino.

Resucitan a Darwin, Malthus y Ricardo, tres de nuestros peores ciudadanos, mezcla de tiranos, agoreros y muy, muy pelmas.

Resulta que en la tierra ha nacido el bebé 7.000 millones, de lo cual me congratulo, porque significa que no ha sido abortado. A día de hoy, el asunto tiene su enjundia. Todo el apabullante poder del NOM, que maneja el consenso mundial de la idiocia, ha aprovechado el nacimiento para explicarnos que esto va fatal, que no habrá alimentos para todos, que el cambio climático nos está dejando helados o sudorosos, lo mismo da, y, en pocas palabras, que se nos convoca para la miseria inminente y el cataclismo definitivo.

Naturalmente, la opción del NOM sigue siendo la misma de siempre: para acabar con la pobreza nada mejor que acabar con los pobres: aborto, contracepción y esterilización a todo pasto. Especialmente, como acabo de escuchar en RTVE (Canal 24 horas) en los países pobres, pues sus habitantes no hacen otra cosa que fornicar y parir.

Para los hombres NOM el asunto resulta especialmente peligroso, dado que, como todos los enemigos de la raza humana, ellos no pretenden que los ricos tengan menos hijos ya que, de hecho, el rico es comodón por naturaleza y apenas tiene descendencia. No, lo que ellos pretenden es que sean los pobres los que tengan menos hijos, porque, de otra forma, las hordas de harapientos invadirán el mundo rico, su mundo. Y claro, eso no puede ser. Una pizca de digno elitismo resulta imprescindible para mantener la higiene democrática... incluso la otra higiene, la de toda la vida.

Y es que los desheredados, ya se sabe, se ponen a procrear y no paran. Empiezan teniendo hijos y luego, encima, exigen alimentarlos. Un abuso.

Para sacar adelante su humanitario propósito, los ricos, y los no ricos tontainas que les aplauden bajo la bandera progresista, recurren a la fórmula habitual: la tierra se está degradando y así no hay forma. Los cristianos, o simplemente los humanos con sentido común, intentamos responder con un aluvión de cifras a otro aluvión de cifras. Craso error. Lo cierto es que el hombre no desertiza la naturaleza sino que la fertiliza. Toda zona abandonada por el ser humano acaba convertida en un desierto y quizás por la misma razón, toda ciudad moderna encierra el verde en granito. De hecho, las urbanizaciones de lujo, que tantos confunden con el progreso, los bosques han sido sustituidos por macetas y los árboles por bonsáis. Y es que los ricos confunden el progreso con la piedra muerta y no les agradan las cosas que crecen, especialmente el ser humano.

Miren ustedes, este planeta da para alimentar, no sólo a 7.000 millones de seres humanos, sino a 70.000 ó 700.000. Para ser más exactos: lo que permite que aumente el número de comensales invitados al banquete de la vida no es sólo el planeta, regalo del Creador, sino el ingenio humano, otra dádiva del Padre Eterno, que multiplica la productividad de la tierra.

Y lo que provoca hambre o carestía no es el aumento de población, sino el egoísmo del hombre, así como la diabólica ideología de los poderosos NOM que pretende, simplemente, una humanidad más pequeña, más manejable y más moldeable. Se creen dioses capaces de decidir quién debe vivir y quién debe morir. Pero no se apuren: lo hacen por la humanidad, es decir, por una porción de la humanidad: ellos mismos.

El poder del NOM nos amenaza con la elección entre aborto o suicidio. Personalmente me inclino por no abortar a nuestros hijos y animarles a ellos a que se suiciden. No creo que lo lamenten mucho, dado que, para estos señores, la vida entre una turbamulta de 7.000 millones es un asco. Supongo que no les preocupará demasiado perderla.

Eulogio López

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