La CNC ha sancionado a empresas españolas con 366 millones de euros, un 42% más que un año antes. Pero sólo han cobrado 23 millones.

Ya era hora de que alguien se tomara la molestia –lo ha hecho hoy, con buen tino, el diario Expansión- de sumar los millones de euros que la Comisión Nacional de la Competencia (CNC) quiere sacarle a las empresas españolas, y en qué porcentaje crece anualmente esa cantidad.

Ahí lo tienen: 366 millones -uno por día del año bisiesto, debe ser- reclama la Comisión de Competencia a las maltrechas compañías españolas de los más diversos sectores, un 42% más que el año pasado. A esto le llamo yo salir por la puerta grande, porque lo de que van a salir lo tienen claro. Ellos y nosotros.

El último golpe de gracia lo daban hace solo unos días abrasando a los tres operadora de telefonía móvil más relevantes, con casi 120 millones de euros. Pero, a lo largo de 2012, se han visto acosadas por la CNC compañías de seguros, eléctricas, navieras, farmacéuticas, manufactureras, asociaciones sindicales y hasta peluquerías.

Y otro dato curioso que hoy revela el prolijo reportaje de Expansión: la CNC multa por valor de 366 millones, pero cobrar, lo que se dice cobrar e ingresar en las arcas del Estado, ha cobrado este año 23. Es decir, que disparan sin tino, y que la inmensa mayoría de las sanciones que imponen acaban muriendo de muerte natural en la siguiente instancia a la que son recurridas. "Cobrar no cobraremos, pero salimos en la tele", deben pensar las mentes preclaras de la CNC. Pues sí, no les falta razón. Regulación de telediario.

Las telefónicas, por seguir con el ejemplo de la última gran multa del año, no han pagado un euro a la CNC en la última década, a pesar de ser uno de los sectores más castigados por el equipo de Bernaldo de Quirós, y, sobre todo, la directora de Investigación, Clara Guzmán. Pero si buscan en Google, salen multadas por Competencia una docena de veces.

Teniendo en cuenta además que el presupuesto anual de la CNC ronda los 13 millones de euros, no es de extrañar que a alguien se le haya ocurrido que semejante organismo cuesta más de lo que vale, y que debería desaparecer, o, lo que es lo mismo, diluirse en otro más amplio de manera que sus discutibles decisiones no sean, al menos, del todo unilaterales.

Entretanto, no me cuesta imaginar a la implacable Guzmán enterrada entre papeles en su despacho buscando nuevas víctimas a las que sancionar… solo en los periódicos.

Miriam Prat

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