Sí, es evidente que gracias al injuriado movimiento pro-vida la antorcha se ha mantenido encendida y el aborto no ha podido pasar desapercibido.

De hecho, siempre me he preguntado si los abortistas repararán en el porqué esos vocingleros provida se preocupan tanto de alguien que les resulta tan lejano como un desconocido al que nunca verán crecer. Quiero decir que lo más cómodo ante el infanticidio es hacer mutis por el foro. A fin de cuentas, es su propia madre quien posibilita el homicidio.

La presión de los mercaderes de la muerte es tan fuerte -el poder está con ellos- y la aceptación social del crimen más cobarde está tan extendida que hay que echarle redaños para batirse por una causa que parece perdida. Con el aborto ocurre algo parecido a lo que sucedió con el comunismo. Apenas días antes de la caída del Muro la mayoría pensaba que el marxismo era invencible. Como mucho se le podía contener pero jamás derrotar. Algo así como el Reich de los 1.000 años que predicara Hitler pero, esta vez, en serio. En el caso del aborto, dos generaciones de progresistas se han pasado la vida esperando que la Iglesia, el bastión frente a la cultura de la muerte, cambiara de opinión abriendo un pelín la mano, por ejemplo por la vía de los anticonceptivos (todos ellos abortivos). Ese día no llegaba así que entretenían y entretienen a sus ocios pensando que los provida son unos cavernícolas llamados a extinguirse, repitiendo así el viejo aforismo: "Dios ha muerto. Nietzsche". Y debajo: "Nietzsche ha muerto. God".

Pues bien, bastaron las palabras de Juan Pablo II, el hombre que será beatificado el 1 de mayo próximo, para que el Imperio más poderoso que vieron los tiempos se derrumbara como un azucarillo. Lo mismo ocurrirá con el aborto. Todas las aberraciones albergan una contradicción interna. Cayó el marxismo totalitario y caerá el aborto que ya se mantiene tan sólo por el peso de la rutina y la modorra institucional. Yo estoy convencido de que la mayor matanza -no genocidio porque se abortan niños de todas las razas- del mundo moderno está viviendo sus últimos momentos. Y cuando eso ocurra, nos llevaremos las manos a la cabeza como ahora hacemos cuando leemos la historia de los campos de exterminio. Exactamente igual.

Mientras tanto, a la manifa del sábado 26.

Eulogio López

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