Parece como si el 15-M (hermoso movimiento degradado a las 48 horas de nacer y hoy en manos de miserables), tras quitarse la careta con la Jornada Mundial de la Juventud y exhibir su cristofobia, ha intentado retornar a sus orígenes, la justicia social y la corrupción de la democracia, pero me temo que lo ha hecho por un camino falso.

Ejemplo: el manifiesto pro-deuda, sí pro-deuda soberana de los indignados como banderín de enganche de las manifestaciones de este domingo durante el pasado fin de semana en España. Según el agudo redactor del mismo, la deuda es el medio para financiar servicios sociales.

Pero hombre, muchacho, si la deuda no es más que el instrumento del especulador para parasitizar a los contribuyentes, es decir, a todos. Especulador privado o público, o sea, los gobiernos emisores de deuda, que son los peores especuladores de todos. La solución frente al especulador consiste en no darle deuda con la que especular, en obligarle a dedicar su dinero a algo productivo, a la economía real, a la empresa.

Este 'pequeño' malentendido resulta especialmente grave en el momento presente, por ejemplo en España, donde las emisiones de deuda ya no sirven, ni tan siquiera para que el Gobierno gane votos a costa de subvenciones -muchas de ellas verdaderas chorradas antisociales- sino, con la burbuja que nos aplasta, sirven sólo para pagar intereses de la deuda anterior, en un modelo piramidal que recuerda a la de Gescartera o a la de banca de inversión norteamericanas, detonadores de la actual crisis.

No hombre, no: si el 15-M pretende una mayor justicia social lo que tiene que hacer no es pedir más deuda sino todo lo contrario: que no se emita ni un euro más de deuda pública, pues es la soga que nos está asfixiando a todos y haciendo que se forren el riñón los pudientes. ¿O es que no sabéis que los mercaderes están exigiendo al Gobierno griego que les pague más del 18% de intereses si quieren que les compre su deuda?

La deuda soberana no es la solución para la justicia social, es el problema. Entre otras cosas porque la deuda pública no es más que la que pagamos el conjunto de los privados, de los particulares.

¡Príncipes, que no os enteráis!

Eulogio López

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