La economía no es contar, es razonar
Como les voy viendo un poquito relajados después de mis tres últimas recomendaciones, esta semana he decidido recomendarles un “ladrillito”. No es este un libro de divulgación, como los dos anteriores, ni un texto ocasional, como el que los precedió. Es un manual de teoría económica, pero un magnífico manual. El manual que le hubiera gustado al autor, y a mí mismo, encontrar en su primer curso de Economía en la Universidad, como nos indica en la página 11 de la edición que les recomiendo. No es un libro de gráficos, como les gusta a los manuales keynesianos, ni de números, sino simplemente de razonamiento, que es como creo que mejor se explica la economía. El texto es amable, claro y nada farragoso, útil para introducir a un bachiller en la Economía y a cualquiera de ustedes que, con una formación media, no son economistas. El texto fue editado por primera vez en 1937 y actualizado por última vez por el autor poco antes de su muerte en 1966. Röpke fue uno de los principales asesores económicos de Alemania Occidental tras la Segunda Guerra Mundial y, por tanto, uno de los artífices de su milagro económico y del prestigio del que gozaba el marco hasta que se transmuto en euro. Es un fuerte crítico al colectivismo al que acusa de no sólo presuponer “la ausencia de libertad política, sino que además acarrea el desorden económico, el despilfarro y un bajo nivel de vida” (pág. 255) y un defensor de la economía de mercado, pero bien entendida: “riesgo de pérdidas y posibilidad de ganancias, responsabilidad por los propios actos” (pág. 264) que ahora se echa tanto de menos. Pero lo más importante, es que sus fuertes creencias cristianas, traslucen por todo el texto como cuando afirma que “los bienes materiales (…) sólo son un medio. El fin lo constituye la vida plena” (pág. 265), así como su crítica al gigantismo moderno: “Esta política económica al servicio del hombre es, sobre todo, un camino de mesura y proporción. Se trata de liberar por todos los medios a nuestra sociedad de la embriaguez de las grandes cifras, del culto a lo colosal, a la centralización”.