Jueves, 29 junio 2017 Número de edición: 5203
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Privilegios. Apostilla a la actuación de un Parlamento

Sr. Director:

Dentro de tres meses el 17 de Junio próximo, se cumplirán los 40 años de la celebración de las primeras elecciones democráticas en España, que nos han llevado al sistema de gobierno que actualmente disfrutamos, y bajo el cual, con sus luces y sus sombras, España ha vivido uno de los mayores periodos de prosperidad para todos los españoles en su ya larga Historia.

Quien no reconozca esto, sobre todo habiendo nacido y criado en este periodo, no solo demostrara sectarismo y mala fe; sino sobre todo que nos es digno de ésta tierra nuestra.

Ello no quiere decir que no haya habido fallos y errores; pero dado que el hombre es falible, y que está sometido a sus propias miserias de: soberbia, vanidad, ambición…etc., siempre existirán fallos y errores. Conocí a una persona de una gran categoría no solo personal, sino también moral, que decía que era capaz de todos los errores y todos los horrores. Si esto lo reconocemos sentaremos las bases para hacer cada día mejor las tareas y los trabajos que redunden en beneficio de aquellos que nos rodean. Y reconociéndolos corregirlos en una mejora constante.

Después de este tiempo transcurrido es hora de corregir esos errores que hayamos cometido, de las sombras que se hayan producido y, conservar las luces que nos han hecho avanzar. Estamos en una encrucijada en la que  tenemos dos caminos: el que nos haría retroceder y perder todo lo avanzado; y el retroceso puede ser en muy poco tiempo -destruir es más fácil que construir- ; o el que no permitiría seguir progresando y avanzando.

En el primero es muy fácil caer por demagogia, porque se elige lo que creemos que es menos trabajoso; o porque es más fácil reclamar y creer que se nos van a dar o vamos a conseguir derechos sin tener obligaciones ni responsabilidades. Este camino es cuesta abajo y siempre  lleva al precipicio de la tiranía y la pobreza. Aunque en principio parezca que estas se combaten.

El segundo es el de la cuesta arriba, pero conduce al sacrificio y el esfuerzo necesarios para llegar a la cumbre. Es el de enmendar el error, el corregir la deslealtad, el de con fortaleza atacar las mejoras; aunque suponga la pérdida de privilegios, pero se gane en libertad, en bien común y en esa igualdad como personas ante la ley y la convivencia de la cual no se hace más que hablar y reclamar, con el contrasentido de que los que más lo hacen son los que luego la conculcan. Empecemos pues por los privilegios, alguno de los

cuales datan de siglos anteriores y que hacen ya de salida que no seamos iguales:

1º.- Los fueros de algunas comunidades o regiones españolas que datan casi desde la edad media y que además de no serles suficientes y estar agradecidas; a sus gobernantes y con ello a algunos de sus habitantes les lleva a demostrar animadversión hacia el resto.

2º.- Sin faltar en el respeto y el cariño que debemos tener a otras lenguas que se hablan en determinadas comunidades autónomas; dada la deslealtad y comportamiento que durante estos años han tenido y tienen y que han sido utilizadas para separar en vez de unir, quitarles el concepto de cooficialidad que se les ha dado y que el español sea el idioma oficial de toda España y de los españoles. Esas lenguas quedarían al nivel de enseñanza y de trato de cualquier otra lengua, en la misma libertad, pero sin imposición ni en la escuela, ni en los comercios, etc.

3º.- No se puede mantener los privilegios de algunos colectivos como el de la estiba que procede de la tan denostada “Dictadura”, con falta de libertad para la contratación y con un proteccionismo que no se contempla en ninguno de los demás sectores productivos. Esto compete también a los Sindicatos, cuyo funcionamiento sigue siendo igual o similar al de los denostados “sindicatos verticales”; estando financiados de manera directa o con privilegios de forma indirecta con los impuestos de todos los españoles: convenios colectivos, ERES, etc.

4º.- Terminar con el PER, que solo ha servido para clientelar el voto y seguir siendo las regiones más pobres -aparentemente- dado que las mantienen las demás regiones. Esto no tiene nada que ver con la equidad que supone el que aquellas regiones más prosperas ayuden a las menos, aunque esa ayuda también puede hacerse industrializando o potenciando su agricultura, o aquello en que cada región pueda ser más productiva, aunque eso suponga más competencia a las que tenían o tiene una situación de privilegio en este aspecto.

Baste lo anterior como botón de muestra. Evidentemente no se puede corregir estos y otros privilegios de la noche a la mañana; pero lo importante sería ponerse a la tarea de manera responsable y rigurosa como horizonte en una o dos legislaturas.

Esta responsabilidad será de todos los partidos políticos sin excepción. Mantener lo que son privilegios no tiene ni tendrá ya nunca excusa.

  1. R. Pablos