sábado, 18 noviembre 2017 Número de edición: 5304
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Otra falacia progre: la igualdad

Otra falacia progre: la igualdad

La ideología progre tiene palabras talismán con las que seducir a los ciudadanos, con los que embotar su mente y la capacidad crítica (natural en el ser humano hasta hace pocas décadas). Todas esas palabras con las que izquierda y “derecha”, pero todos progres, usan como estiletes para hipnotizar al votante: Libertad, democracia, derechos, progresismo… ¡Y también igualdad!

La idea de hablar de esta mentira política me llegó el pasado domingo durante la misa, gracias al evangelio del día (Mt 20,1-16), sí, ese en el que el propietario de una viña contrata trabajadores a primera hora, medio día y al atardecer, y que paga a todos lo mismo: 1 denario. Lo que me pone en marcha con la idea es justo cuando la parábola cuenta el diálogo de los “representantes sindicales” con el “patrón injusto” y exigen más porque han trabajado más…: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? Exigen más porque lo ven con sus ojos olvidando entonces los acuerdos previos a la contratación. Exigen diferencias entre los iguales y rabian por el igualitarismo: los que han trabajado más, que cobren más, y los que menos que cobren menos. Antes de seguir me gustaría avisar que no pretendo hacer política social desde el Evangelio, solo es una percha útil para argumentar mi tesis.

Bien, hasta aquí la mentalidad de justicia sindical -horizontal- de nuestros tiempos que nos hace pensar que el trabajador tenía razón, pero es porque estamos mayoritariamente contaminados de la “igualdad” pero es el error. Porque los progres tratan la palabra como eufemismo del verdadero sentido que le quieren dar: igualitarismo. Como cualquier “ismo” tiene una connotación de acción ideológica, de tendencia, movimiento, incluso de actitud “pro”. El igualitarismo es aquello que se convierte en algo obligado para todos, participes o no de la idea. La izquierda, en general, llevados por su manía de aplicar el mismo rasero para todos, independientemente de las capacidades individuales de cada uno, pretenden que nos coloquemos en fila y que, buenos y malos, avancen igual de mal, porque los menos pudientes (por el físico o lo intelectuales) lastran siempre a los que podrían llegar a más.

Una teoría que provoca la reacción contraria de los que por su posición económica y social se distancian aún más, dejando a las clases medias a expensas de políticas que jamás le permitirán crecer. El materialismo posmoderno, el ansia de controlar todo y la ambición de poder por parte de los dirigentes, les lleva a controlar a la persona dentro de un marco masificado de actuaciones, contrario a la verdadera libertad, que incluyen la iniciativa y poder cometer errores.

Casos llamativos son la educación “pública y gratuita” para todos, estigmatizando a los colegios concertados o privados, cuando se sabe perfectamente que suponen un ahorro enorme de costes al Estado; o los colegios de educación diferenciada a los que llaman sexistas sin querer tener en cuenta que se ha demostrado por activa y por pasiva que son más eficaces, y lo peor, prescindiendo de la libertad de los padres a educar a su prole como ellos consideren mejor, que para eso son los padres. Otra de las exigencias igualitarias es la pretendida eliminación de la religión de los colegios, sustituyéndola por clases de otra “religión” de tipo ético… En fin, como se ve este ejemplo de la educación se puede trasladar a oros aspectos de la sociedad del bienestar con la que las políticas socialdemócratas pretenden estabular al individuo en la línea de “igualad para todos”, privando de la libertad de elección o de desarrollo personal.

Antropología paso a paso (Palabra). José Ramón Ayllón. Como siempre, Ayllón no decepciona y en este caso trata de bucear para rescatar lo original de lo originario de hombre. Descubre para los lectores la genuina esencia del individuo como persona crucial en la vida, la evolución de la sociedad y el futuro de la humanidad. Defiende y demuestra que el hombre como tal es una criatura “ética y estética, política y económica, con una libertad que le permite ser contradictoria”, un error imperdonable para una sociedad materialista y nihilista de la era contemporánea que niega todo de la persona (hasta la vida) a favor de la nada igualitaria.

Contra el hormiguero humano (Sekotia). Rafael Gómez Pérez. El filósofo y escritor aparece de nuevo con una obra que trata en profundidad al individuo, individualismo y por qué no, el altruismo individual. Un tratado de la persona como elemento indispensable en el orden natural de una sociedad sana y saneada. Justo lo contrario del exigido régimen de igualitarismo que estanca las corrientes y mata la individualidad de la iniciativa personal.

La revolución biopolítica (Rialp). Vittorio Possentia. El autor de Filosofía moral y Política en la Universidad de Venecia, propone con este breve ensayo un retorno al cristianismo para recuperar al ser humano, con su individualidad que le hace único y huir del envenenamiento del individualismo que nos amontona en la masa humana. Muy recomendable porque también se acerca a otros aspectos tan arriesgados para todos como el nuevo ensayismo genético para buscar al “nuevo hombre”.

Humberto Pérez-Tomé Román

@hptr2013