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Obama y las marcas del Anticristo

Se que el título de este artículo no me va a traer muchas simpatías, pero eso es lo bueno de hacerse viejo -o sea, mayor-: cada día que pasa preocupa menos el efecto que producen las palabras y más el motivo que las provoca.

Barack Obama ha vencido en las elecciones norteamericanas y lo ha hecho por goleada: con una participación holgada, triunfal, inhabitual en Estados Unidos. Los demócratas tendrán ahora la Presidencia, el Congreso, el Senado, 7 de las 11 gobernadurías en juego, a Hillary Clinton y, sobre todo, un apoyo popular como no ha disfrutado ningún presidente norteamericano, al menos desde la II Guerra Mundial. Es como un Zapatero, tan rencoroso y triste, pero a lo grande, presidente de la primera potencia del mundo.

Y esto es lo peligroso. Porque Obama es un iluminado que no se conforma con cambiar Estado Unidos: quiere cambiar el mundo entero. Es decir, quiere mandar sobre el mundo entero. Lo repiten como cotorras una progresía rendida a sus pies. Cuando hablo de las marcas del Anticristo me refiero a dos aspectos: será un hombre aclamado como un salvador por la mayoría de la humanidad todo el mundo, será una pacifista, será un globalizador, será un relativista, será un sincretista, un verdadero lobo vestido de cordero. Y, sobre todo, un hombre ensoberbecido, al que le cuesta horrores sonreír.

El nuevo presidente de los Estados Unidos es un retórico, con buena música y letra equívoca, al que se hace necesario interpretar. Por ejemplo, cuando habla de la nueva América uno piensa en la vieja Europa, decadente y relativista. Donald Rumsfeld es un personaje retorcido y peligroso, pero su definición de la Vieja Europa hirió tanto en Bruselas porque era horriblemente cierta.   

Otra de las marcas del Anticristo se refleja en la obsesión anti-Palin que, además, ha sabido sembrar en todo el mundo. Palin representaba la creencia en una serie de principios, mientras Obama es un relativista. Y es verdad que los relativistas cambian, continuamente, al ritmo de sus propios caprichos.

Obama lo tenía chupado con McCain, porque si Obama da miedo McCain da pena, y unas elecciones no se ganan proporcionando lástima y hablando de las cicatrices del pasado sino de los planes de futuro. Todo el Nuevo Orden se conjuró, no contra McCain, sino contra los principios de Sarah Palin. Las multinacionales de la información repetían, una y otra vez, que el riesgo de que ganara McCain consistía en que se nos muriera a los pocos meses, dejando a Palin como presidenta. En verdad, ése era el temor.

Los papanatas progres repiten que Obama ha ganado por su proyecto económico. ¡Cielo Santo!, ¿de qué proyecto hablamos? Del Proyecto Bush. McCain dudó, Palin se opuso y fue silenciada, pero ni Obama ni Biden, dudaron un minuto: apoyaron el plan del denostado George, es decir apoyaron la plutocracia: los trabajadores y emprendedores del sueño americano financiarán (lo mismo que en Europa) a los rentistas y especuladores. Es decir, los productores trabajarán para los parásitos, los pequeños para los grandes, el pueblo para la oligarquía, y a esa plutocracia le llamaremos progresismo, por el hecho de que la lidere un afroamericano.

Otra de las marcas del Antricristo es la apostasía general, pero, ojo, no será una apostasía materialista como imaginan algunos milenarios ingenuos. Será una vuelta al paganismo sincretista del Viejo Imperio romano. Como Obama. Insisto: la Cristofobia actual no trata de destruir a la Iglesia, sino de conquistarla. Obama seguirá asistiendo a sermones con mucha marcha, cuanto más esotéricos mejor. El materialismo es tan inconsistente que no puede convencer a nadie con dos dedos de frente, o al menos a nadie nacido que no fuera adulto en 1968. No, la marca del Anticristo no es el ateísmo sino el panespiritualismo, la “new age” de Obama. Nada mejor para concretar esto que los dos personajes que le rodean: su vicepresidente, Joe Biden, católico por el derecho a decidir y la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, una católica -millonaria, naturalmente- con una macedonia mental en la cabeza, y muy mala uva en las manos. Lo demostró cuando, a pesar de la prohibición de los obispos norteamericanos, utilizó una fila lateral para ir a comulgar durante la multitudinaria Eucaristía de Benedicto XVI en Nueva York.

McCain cerró su lamentable campaña pidiendo que Dios salvara a América. Habrá que ampliar las preces con Obama: que Dios salve al mundo entero. Este hombre es un peligro. Y sí, lleva las marcas del Anticristo. La primera de ellas, la tristeza; la segunda, el orgullo; la tercera, el resentimiento.

Por lo demás, es un tipo muy brillante.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com

 
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