Ciertamente hay dos PNV: el del lehendakari Ibarretxe, línea Arzallus, y el del presidente actual del partido, Josu Jon Imaz. Con éste es posible entenderse desde Madrid, y por eso lo están intentando tanto Zapatero como Rajoy.
Ahora bien, ese entendimiento tiene un coste difícil de asumir para cualquier Gobierno español. Pongamos un ejemplo: el viernes 10, desde el diario El País, que promueve un pacto entre socialistas y nacionalistas, Josu Jon Imaz criticaba duramente la ruptura del pre-pacto entre Partido Socialista navarro (PSN) y Nafarroa Bai, coalición que agrupa tanto a los partidos nacionalistas vascos en Navarra como a los independentistas de Batasuna que han renunciado a la violencia, como Aralar. El director de Hispanidad explicaba en nuestra anterior edición el porqué del giro zapatista en Navarra, donde primero jugó a Gobierno tripartito y luego, cuando ya había ambiente de pacto en el propio PSN, lo prohibió.
Sin embargo, la campaña de Imaz es peligrosa porque rompe el incipiente concierto de socialistas y populares para que gobierne la lista más votada. En teoría, Zapatero está de acuerdo en ello, aunque lo ha incumplido en Baleares, mientras Rajoy, que lanzó la idea, aún está más de acuerdo, aunque lo ha incumplido en Canarias. En el caso navarro, Imaz va más allá, y, olvidándose de que la lista más votada ha sido la UPN-PP, y de que con el pacto el PSOE ganaba poder, asegura que Zapatero ha actuado según “el rédito electoral a corto plazo”. En tal caso, será el rédito electoral en el conjunto del país, porque lo cierto es que los socialistas han perdido la posibilidad del mayor de los réditos posibles: la Presidencia navarra, a pesar de ser el tercer partido en las preferencias de los electores.
En definitiva, Imaz prefiere la estabilidad a la democracia. Y eso lo denomina Transición inacabada. Al parecer, la Transición acabará cuando Euskadi absorba a Navarra.
Afirmación que se completa con la de que se ha dado “con la puerta en las narices” a los que habían abandonado la violencia –en referencia a Aralar-. Esta afirmación de Imaz revela el problema del nacionalismo vasco: concesiones a cambio de que los etarras cumplan con su obligación de no asesinar. Lo que no deja de ser una legitimación de sus homicidios.
En cualquier caso, el PNV lanza con este artículo una campaña contra la doctrina de que gobierne la lista más votada por los electores.