Miércoles, 23 agosto 2017 Número de edición: 5242
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Masonería y satanismo son una misma cosa (II). Satán inicia la etapa del terrorismo directo

Masonería y satanismo son una misma cosa (II). Satán inicia la etapa del terrorismo directo
  • El cabrón, con perdón, se ha quitado la careta.
  • Cuando la Universidad más prestigiosa del mundo proyectó una misa satánica con una hostia consagrada.
  • Y cuando Merkel, Hollande y Renzi cerraron la boca ante una ceremonia luciferina y repugnante.
  • Los masones adoran a Baphomet, dios andrógino con cabeza de macho cabrío y pezuñas de cabra.
  • ¿Andrógino?: la ideología de género no la inventó Zapatero.
  • Eso sí, torso humano. Vamos, un cabrón en toda regla.

Hablábamos ayer de masonería y satanismo, es decir, del genial libro sobre el mundo masónico del historiador español Alberto Bárcena.

Nos cuenta el autor tres casos de adoración satánica interesadamente publicitados. Esto es, que Lucifer ya no se esconde tras el filantrópico e ilustrado mandil de las logias y, por el contrario en época de postcristianismo, se siente con fuerzas para quitarse la careta. Se trata de Harvard, Oklahoma y el túnel de San Gotardo.

Satán quiere erigirse en el trono eucarístico en lugar de Cristo y esa será la marca del Anticristo. Pues bien, recientemente hemos tenido tres pruebas que Bárcena trascribe y, sobre todo explica (contextualiza, que dicen los pedantes).

En la Universidad más famosa del mundo, Harvard (en la imagen), una asociación cultural (¿acaso podía ser de otra forma?) anuncia que va a celebrar una misa negra con una hostia real. Ojo, porque esto es lo más relevante, las autoridades de tan prestigioso centro  académico, el más prestigioso del mundo, dan el visto bueno al sacrilegio en nombre de la libertad de expresión. Al final, son tantas las protestas que deciden dar marcha atrás.

El Ayuntamiento de Oklahoma toma el testigo de la blasfemia y no sólo permite la misa negra sino que cede el local para el profanación sin disimulo. Los cristianos reaccionan “a la católica”: organizan oraciones y actos de desagravio y logran, de nuevo, detener la barbaridad.

En Europa, inauguración del túnel de San Gotardo. Un originalísimo creador alemán -cómo no- delante de Merkel, Hollande y Renzi- organiza una representación satánica con un simulacro de adoración al Príncipe de las tinieblas acompañado de una ceremonia de zombies adoradores, entregados a algo que parecía una orgía.

Lo dicho, el cabrón se ha quitado la careta.

Naturalmente, los líderes europeos callaron de forma cobarde o cómplice. Ahora se explican cómo va Europa, ¿verdad?

En plata, ni relativismos ni monsergas. La masonería adora Lucifer, a su dios y su jefe y llevan siglos llamándole Baphomet. Ni les gusta lo de Satán, ni lo de diablo, dios de las moscas. En tal caso, como apelativo filosófico, Lucifer. Recuerden que el demonio se precipitó a los infiernos por la fuerza de la gravedad.

Sin embargo, el mayor empeño de la masonería ha sido el de intentar hacer compatible la condición de cristiano con la de masón.

Segundo empeño: los masones no somos satánicos, salvo algunas sectas ‘especiales’ como los rosacruces o los Iluminados de Baviera.

Pues bien, no han engañado a ningún advertido. Los papas han condenado la masonería, apenas una década después de su nacimiento (1717). Y un siglo más tarde, en 1829, el Papa Pío VIII definía así a la masonería: “secta satánica que tiene por única ley la mentira y por su dios al demonio”.

Pero Alberto Bárcena, el que nos cuenta todo esto, sabe traer el pasado al presente.  Por eso le recuerda al cardenal Gianfranco Ravasi (de la curia, de la puñetera curia) su carta abierta a los hermanos masones con quien Ravasi considera que la Iglesia debe dialogar.

Ya saben: ante todo, diálogo.

Para ello, se apoya en que Anderson, el clérigo fundador de la masonería moderna, aunque sostiene que no puede haber ateos en sus filas (¿qué más dará si creen en el estúpido dios-relojero, que ni crea, ni ama ni redime?) pero Ravasi olvida otras afirmaciones del reverendo Anderson, el primigenio, donde nuestro clérigo  ya habla de la reverencia debida al “portador de la luz”, a la sazón el tal luzbel, Lucifer para los amigos.

Pero volvamos a la tesis principal del historiador Bárcena. Masonería y satanismo son una misma cosa. ¿Cómo adoran los masones satánicos a su Baphomet y quién es el tal Baphomet, que tiene nombre de pitufo?

Pues se trata de un dios andrógino, con testículos y mamas. Es decir, que lo de la ideología de género, que tiene por base y premisa la androginia no se inventó ayer.

Baphomet tiene cabeza y pezuña de cabronazo pero el torso es humano. Para entendernos: un cabrón en toda regla.

Y no crean ustedes que la masonería venga de la Edad Media, donde ya existían estas representaciones. No, los demonios son más antiguos. Fueron creados por Dios como espíritus, antes de que existiera el espacio y el tiempo. Eso sí, la eternidad de los espíritus no les convierte en puros. Satán es, como creo haber dicho antes, un poquito cabrón.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com