jueves, 18 enero 2018 Número de edición: 5348
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Los que dicen defender a la familia… y a quien defienden es al PP

Los que dicen defender a la familia… y a quien defienden es al PP

Con la falta que nos hace el agua y solo caen cuatro gotas y en tormenta, de golpe, causando estragos. En eso se parecen las bodas españolas a la lluvia, porque, de un tiempo a esta parte, llueve poco y mal.  Hace unos días se ha hecho público el número oficial de matrimonios celebrados durante el primer semestre de 2017. Durante esos seis meses, solo se celebraron 68.769 matrimonios, de los que 54.376 fueron civiles, 13.101 matrimonios católicos, 415 de otras religiones y 877 matrimonios en los que no consta la fórmula elegida. Así pues, solo el 19% de los matrimonios en España se acoge al Sacramento de la Iglesia Católica, y esto representa una caída en picado que se ha producido en muy poco tiempo, porque tan solo hace diez años las bodas por el rito católico eran mayoría, y hace cuarenta… ¡mayoría aplastante!

Y esta es otra manifestación más del proceso descristianizador de la sociedad española, que tan poco preocupa a algunos clérigos, a los que no les causa alarma, dado que no se traspasan los límites de la Constitución. Como es sabido, la Carta Magna se ha convertido en el undécimo mandamiento.

Tan anti-familiar como la izquierda pero que engaña mejor a los católicos.

Nuestra civilización occidental se ha desarrollado durante siglos girando sobre los goznes propios de la familia natural. A saber, la formada por un padre, una madre y la descendencia cuando la había —y solía haberla, incluso numerosa—, y esta institución era la que generaba el tejido social, porque con metáfora biológica, se definía a la familia como la célula básica de la sociedad. En consecuencia, no es muy complicado concluir que si la célula está sana el tejido también lo está. Y si, por el contrario, la célula contrae cáncer, la muerte del tejido resultará inevitable.

Ya desde antiguo se abrieron vías de agua en la familia, como pudo comprobar y padecer Moisés con su pueblo que, además de padecer rigidez en las meninges, tenía tan duro el corazón que el libertador se vio obligado a hacer algunas reformas, que desfiguraron la institución matrimonial, tal y como la había establecido el Creador en un principio. Por eso, Jesucristo tuvo que aclarar las cosas, cuando le plantearon lo del libelo de repudio, y encumbró el matrimonio natural a la grandeza de Sacramento. El listón se puso tan alto y a alturas tan hermosas porque en dicho Sacramento, como recuerda el apóstol, los esposos están llamados a quererse como Cristo ama a su Iglesia.

Los burócratas de la familia se apoyan en la Iglesia, que les deja hacer.

Son muchas y muy diversas las causas que debilitan la fortaleza de la familia, desde los horarios laborales a los sueldos bajos, desde el vértigo de la vida moderna al aislamiento que se puede padecer en una gran ciudad, y a lo que se puede añadir: que si la cultura, que si las diversiones, que si los medios de comunicación

Pero ante la imposibilidad de analizar todas estas causas en un corto artículo como este, quiero hoy detenerme en describir la plaga de los burócratas de la familia, que como la del cangrejo americano, cabezota y de cola corta, está aniquilando nuestro cangrejo autóctono, bastante más proporcionado de medidas y mucho más sabroso.

Los burócratas de la familia son los que, so capa de aconfesionalidad, rebajan el matrimonio donde lo puso Jesucristo y tragan con carros y carretas; de manera que Jesucristo… ¡No!, que no les hace modernos, pero con los jefes del sistema lo que también rebajan son sus pantalones, a la altura de los tobillos. Los burócratas de la familia son mentirosos y dan el pego, como el cangrejo americano que cuando le ves en el agua no tiene parecido a como te le encuentras coloradito en un plato, donde es todo desperdicio y eso a costa de eliminar de nuestros ríos a esos cangrejotes ibéricos de cola ancha y sabrosa.

España ha dejado de ser católica: por la Iglesia, tan sólo uno de cada cinco matrimonios.

Es más, los burócratas de la  familia no van de frente contra la familia, se la están cargando pero de otra manera, no actúan ni escriben como hizo Engels en El Origen de la Familia, cuando proclamó que “el matrimonio es una prostitución en que la mujer solo se diferencia de la cortesana ordinaria, en que no alquila su cuerpo a ratos, como una asalariada, sino que lo vende de una vez para siempre, como una esclava”.

No, los burócratas de la familia no se confunden con los enemigos que van de frente contra ella, sino que hacen algo todavía peor: consiguen los mismos resultados negativos para la familia que la izquierda, pero engañan mejor a los católicos. Establecen una estrategia maligna y oscura, montan su chiringuito, se presentan como adversarios del partido que ataca de frente a la familia porque para eso el otro partido del sistema (el Partido Popular, por si alguien no lo ha entendido) les engrasa el chiringuito con subvenciones, procedentes del dinero público, y hasta se atreven a asaltar los espacios eclesiásticos y a utilizar sus medios de comunicación, porque por  muy aconfesionales que ellos se proclaman, las convocatorias de sus manifestaciones las hacen en  los tablones de anuncios de las iglesias y las parroquias.

Incluso su aconfesionalidad no es incompatible con tener una existencia parasitaria a costa de ciertas instituciones religiosas que se dejan, e incluso les jalean. Sin el apoyo de algunos de los que llaman movimientos o nuevas realidades de la Iglesia, los burócratas de la familia no son nadie. Causa verdadero escándalo que los burócratas de la familia se apoyen en la Iglesia, que les deja hacer.

Los burócratas de la familia no se pueden sostener de pie por sí mismos porque carecen hasta de columna vertebral, y solo se ponen en pie gracias a que se apoyan en un esqueleto exterior prestado. Porque lo dramático de estos burócratas de la familia es que son cangrejos falsos, y por eso cuando el partido que les subvenciona machaca a la familia con las mismas leyes que el otro, ni hacen manifestaciones ni declaraciones y justifican su actuación pidiendo al PP unas ayudas de calderilla para las familias, que avergüenza recibirlas.

Y por tan mezquinas realizaciones obtienen notoriedad y consideración pública, porque en el barullo de esta sociedad enloquecida, lo grave no es que estos elementos se crean Napoleón, lo dramático es que haya personas e instituciones que se creen que los burócratas de la familia son Napoleón, o que no se lo creen, pero se portan como si se lo creyeran porque de ese modo les encuentran una utilidad como organizaciones pantalla que sirven a sus intereses.

Pero entre tan grande polvareda se nos pierde don Beltrán y la familia queda desasistida e indefensa, lo que explica su retroceso hasta el punto que ha dejado de vivificar el tejido social. Y ahí va otro dato elocuente que daba en un artículo Luis Fernando Pérez Bustamente: por cada seis bodas de católicos, se celebra una de homosexuales.

Y por cada seis bodas católicas, un homomonio.

Y como la plaga del cangrejo americano, que repuebla los ríos con indeseables elementos a costa de eliminar al crustáceo ibérico, los falsos defensores de la familia tienen sumo cuidado en eliminar a quienes de verdad van de frente a defenderla, sin pagar peajes ni hipotecas políticas a nadie, porque quien actúa con coherencia en defensa la familia, proclamando abiertamente los fundamentos cristianos de la misma, les ponen en evidencia y descubren su juego, que en el artículo anterior describí al hablar del aborto como la “ética del puticlub”, moral que sirve lo mismo para un roto que para un descosido, para hacer una defensa falsa de la familia o para prestarse a cocinar en la sede social del chiringuito de la familia una reforma abortista haciéndola pasar por una reforma provida. Pero lo dicho, toda la culpa no la tienen los burócratas de la familia, comparten responsabilidad con aquellos que les protegen, les apoyan y les rinden pleitesía… como si fueran el emperador de los franceses.

Javier Paredes

javier@hispanidad.com