miércoles, 22 noviembre 2017 Número de edición: 5307
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Las biografías narradas. Diarios de vida (I)

Las biografías narradas. Diarios de vida (I)

Hay una gran diferencia entre una biografía histórica y una biografía narrada. Mientras que la primera está destinada a los lectores ávidos de conocimientos y datos históricos, los segundos “solo” quieren que les cuenten cosas como qué pasó, dónde, cómo y con quién… Pero lo quieren de forma amable, como si te lo contara un amigo cercano mientras tomas una cerveza con él.

Esta tendencia literaria es la que hoy nos trae El libro de la semana. Me gustaría partir en dos este artículo para dar dos ejemplos bien diferentes; los que se remiten a un diario de vida y los que sencillamente hablan del personaje o los hechos como si fuese específicamente literario. Empezaré por los “diarios de vida”.

Memoria de veintisiete días es una edición particular, de mano de la familia de don Carlos García-Mauriño Longoria. Se trata de un diario personal del que entonces era Registrador de Ronda (Málaga), veintisiete días antes a su muerte el 14 de agosto de 1936. Todo empezó cuando vio cómo se dibujaba el panorama más inmediato del desenlace de la Guerra Civil y comenzó a escribir en cuartillas los detalles de lo que sucedía día a día en Ronda.

Desde luego no lo hacía porque supiera que iba a morir, porque de hecho hasta casi el último día los milicianos le dijeron que no se preocupara, que con él no iba aquel asunto de las revueltas. Realmente, la idea del autor, como buen registrador, no era nada más que la de levantar acta de lo que sucedía en su casa y en las calles. Padre de familia de nueve hijos -a la última de sus hijas no la conoció por ser póstuma-. Su forma de morir fue tan desagradable como la de tantos en aquellos años infames: de rodillas, las manos atadas a la espalda con alambre de espino y un tiro en la nunca.

El libro ha tenido tres ediciones, la primera fue en los años ‘40, gracias a la hermana monja del Registrador, que cuando se enteró de la muerte de su hermano y de cómo fue el desenlace, decidió darlo a conocer en el entorno inmediato de la familia, ya que su vida y muerte fue de cristiano ejemplar para propios y extraños. Y la realidad es que en el presente hay una causa de beatificación abierta, considerado por la población de Ronda como uno de los mártires más señalados de la localidad.

La segunda edición (1995) fue a cargo de los hijos, con el objetivo de que los hijos de estos (nietos del personaje) conocieran el horror de lo que es una guerra civil. Fue necesaria la reedición de esta biografía dado que los “derechos” de la transición democrática española traían nuevos aires de reivindicación, de muertes y viejos odios que llevaban tantos años enterrados. Finalmente, tristemente se sacó adelante la Ley de Memoria Histórica de manos del Presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

La tercera edición, mucho más reciente (2013), fue realizada en colaboración con el Colegio Oficial de Registradores. Todo fue como muy casual, cuando caen en las manos de un joven colegiado un juego de fotocopias con las memorias de don Carlos García-Mauriño y piensa que un colega así, que el ejemplo virtuoso del buen hacer, buen vivir y buen morir se debe dar conocer, y también para honra del mismo Colegio. Entonces uno de los nietos se hace responsable de las negociaciones de la edición y que se convoca a los registradores que lo deseen para que si lo desean puedan aportar económicamente una cantidad económica para sufragar los gastos.

Hay que dejar claro que ninguna de las ediciones ha tenido jamás ningún objetivo dinerario y para que conste más claro en todas las ediciones se ha hecho valer con fuerza el “Prohibida la venta”. Si desea saber más sobre la historia de este libro puede seguir leyendo en la entrada que ya hiciera yo en mi blog hace tiempo: Memoria de 27 días. Cuando la vida da comienza a su fin.

Diario. Petter Moen (ed. Veintisieteletras) es otro ejemplo de lo que son biografías narradas a partir de un diario. En este caso roza la ficción hollywoodense porque desde luego esta vida -más bien este final de vida-, daría para un buen guión de cine. Petter Moen cayó preso en 1944 a manos de la GESTAPO y encarcelado en una celda de castigo como responsable de la prensa clandestina de la resistencia en Noruega. En su celda de aislamiento comenzó a escribir sus días sobe el papel higiénico que tenía y la punta de un clavo perforando el papel, dando la forma a cada letra para formar palabras, oraciones, párrafos y… ¡un libro!

Los que hemos leído esta breve biografía, hemos presentido la angustia de ver cómo la vida de una persona se va alejando de sí mismo. Cuando lees lo que vive y cómo lo hace, te transmite la ansiedad de la esperanza de querer vivir o al menos la necesidad de que el mundo sepa qué sucede en aquellas celdas del horror. Es quizá la situación extrema de la vida y la muerte, o peor, la desesperanza cuando te lleva a las preguntas más relevantes de la existencia del hombre.

Moen desde luego se las hizo y se las respondió allí mismo, sobre su papel, con su clavo, en la oscuridad de su celda. Murió en el barco que le transportaba a Alemania, al chocar una mina marina. Uno de los supervivientes, conocedor de aquel diario, al terminar la guerra fue a rescatarlo de los calabozos donde estaba escondido. Los transcribió y publicó. Desde entonces se ha convertido en una lectura obligada, un clásico del pensamiento existencialista que engancha y hace que pensemos también en nosotros mismos y nos preguntemos: ¿cómo es la vida que vivimos?

Próximamente: Las biografías narradas. Vidas contadas (y II)

Humberto Pérez-Tomé Román

@hptr2013