lunes, 11 diciembre 2017 Número de edición: 5320
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La mejor emigración es la que no existe

La mejor emigración es la que no existe
  • Las fronteras deben estar abiertas pero nadie debería verse obligado a emigrar…
  • Sino a viajar por el mundo como turista.
  • Y ojo cuando la ONU habla de migración regulada: significa reducir la migración.
  • No es a favor del pobre sino del rico.
  • De hecho, ¿cómo regular la necesidad sobrevenida? ¿Cómo regular la urgencia?
  • No se trata de trasladar al emigrante a un mundo que no es el suyo…
  • Sino de mejorar el mundo que sí es suyo.

Asegura Alfa Y Omega (Obispado de Madrid paga, Vocento cobra y ABC difunde) que Estados Unidos se ha retirado de pacto mundial para una migración segura, regular y ordenada. Es decir, que el pérfido Trump ha vuelto a ir contra corriente (Gracias Donald, yo también me hubiese retirado corriendo del tal pacto). Alfa y Omega, sin embargo, advierte que la Iglesia no se va porque quiere velar por los derechos de los migrantes.

Mire usted, el migrante no tiene derecho nada. Al menos los tiene como persona, no como emigrante. El emigrante, de hecho, tiene el deber de gratitud con el país que le ha acogido, y cuyos ciudadanos han forjado y pagado, a lo largo de generaciones, los derechos y subvenciones que abonan a los inmigrantes.

Es cierto que el Estado natural de las fronteras es el estar abiertas y sólo deben cerrarse como excepción.

Pero aún más importante: las fronteras deben estar abiertas pero nadie debería verse obligado a emigrar… sino a viajar por el mundo como turista.

Y aún más importante: cuando la ONU habla de migración regulada: significa reducir la migración vía regulación. Significa que el país de Occidente, el rico, tiene derecho a decidir cuántos pobres deja entrar. Pobres o perseguidos. No es un pacto a favor del pobre, sino del rico. No ofrece fronteras abiertas, ofrece puertas cerradas, salvo a una minoría de elegidos. Y en cuanto a la regulación: ¿cómo regular la necesidad sobrevenida? ¿Cómo regular la urgencia?

Con todo, la cuestión más relevante: no se trata de favorecer la emigración sino de favorecer que no haya migración. Ayudas a los países pobres en origen, para que su gente no se vea obligada a emigrar. Que el que quiere viajar por el mundo no lo haga por necesidad sino por turismo.

Eso es más caro para el mundo rico pero mucho más eficaz. ¿Recuerdan lo que ocurrió con el virus ébola? Toda España (más bien el Gobierno, presionado por la opinión pública, se movilizó para traer a Madrid a los misioneros contagiados, pero la solución hubiera sido que España instalara un hospital en la misión africana, para atender a nuestros misioneros y a los naturales de la zona. Mucho más caro, lo sé, pero así no trasladaban el virus a Europa. Mucho más caro sí, pero, ¿no estábamos hablando de generosidad?

Un emigrante no es un virus pero es un hombre afectado por la miseria y la falta de oportunidades. No se trata de trasladarle a un mundo que no es el suyo sino de mejorar el mundo que sí es el suyo. Es más caro, pero resulta mucho más eficaz que mal atender a una riada de refugiados. Entre los cuales, por cierto, se te entrometen aquellos que vienen a Occidente para acabar con Occidente.

La mejor ley de migración es la que no existe y la caridad con el emigrante no puede  realizarse aquí, sino allí.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com