jueves, 14 diciembre 2017 Número de edición: 5323
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La hipocresía de Noruega, ese país tan rico

La hipocresía de Noruega, ese país tan rico
  • El origen del dinero que amasa su fondo estatal de pensiones está en lo que ahora detesta: petróleo y gas.
  • Se repite la historia de hace dos años con el contaminante carbón: una nueva lista negra con petroleras.
  • Paradojas de la historia (de la economía): fabrica una fortuna con las materias primas que después detestas.

Sorprende la hipocresía del fondo estatal noruego GPFG (Government Pension Fund Global), que mezcla churras con merinas en sus argumentos para decidir dónde invierte. ¿O no lo es atacar a determinadas materias primas, cuando han sido precisamente esas materias primas donde está la explicación de mi fortuna?

El fondo noruego no es una excepción: se forró durante años vendiendo carbón y petróleo para, en los años siguientes, ir apartándose de esas materias primas porque ya no son lo que fueron (en rentabilidad, claro).

Curioso contrasentido, en cualquier caso, si añadimos a esa trama dos realidades: que el fondo de pensiones noruego no sería ahora el más grande del mundo (maneja 850.000 millones de euros) sin el carbón y el petróleo y, en segundo término, por sus jugadas sobre esas mismas materias para asegurar los sustanciosos beneficios que ha generado.

El fondo noruego quiere desmarcarse ahora del sector petrolero, en el que tiene invertidos más de 30.300 millones de euros. La noticia, obviamente, no es buena para compañías como Shell, ENI, BP o Chevron, donde tiene posiciones importantes en el capital (2,3%, 2%, 1,7% y 0,9%), respectivamente en esas compañías), porque notará el impacto en su cotización. Harán sus planes.

Se repite la historia, en consecuencia, de lo que sucedió hace dos años, cuando GPFG  decidió desinvertir en las empresas (mineras o energéticas) en las que el carbón supone un 30% de la facturación. Amplía así, en su particular lista lista negra, compañías petroleras.

Pero sorprende la razón: el riesgo que supone tener un buen botín de millones de dólares en un sector, como el petrolero, que depende en exceso de los precios del crudo y el gas, lo que pone en cuestión la seguridad de esas inversiones que sirven para garantizar las pensiones de los noruegos.

La razón dada en 2015 para desinvertir en el carbón fue, sobre todo, medioambiental; es decir, la amenaza que supone el carbón contra el clima y la ola de calor que se nos ha echado encima. Lógico que las asociaciones del tipo Greenpeace lo celebraran con un ¡Viva Noruega!

La razón dada ahora, sin embargo, es económica, cuando Noruega es lo que es gracias al petróleo del Mar del Norte, que ha explotado hasta la saciedad y que ha permitido el nivel de vida que ha permitido (y seguirá permitiendo, gracias a sus pensiones) a las inversiones con el beneficio logrado con ese mismo petróleo.

Ojo, lo mismo pasará, sino pasa ya, con los grandes fondos soberanos de las petromonarquías, Kuwait, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, etc… Ese dinero es el que se mueve también, al compás del emir de turno, para engordar la cartera.

Rafael Esparza