martes, 21 noviembre 2017 Número de edición: 5306
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La crisis de hoy no es por papas malos (tampoco Francisco) sino por fieles infieles

La crisis de hoy no es por papas malos (tampoco Francisco) sino por fieles infieles
  • Y entre los infieles se cuentan obispos y sacerdotes, ciertamente, pero también… los laicos de a pie.
  • El jesuita Ángel Rojas advierte sobre los pormenores de la actual crisis de la  iglesia.
  • Los cismáticos, advierte el teólogo, han salido del armario… pero seguimos sin enterarnos de quién es quién.
  • Con Juan Pablo II los progres no pudieron.
  • A Benedicto XVI le hicieron la vida imposible.
  • A Francisco le califican de progre para que los tradicionalistas se escandalicen.
  • Y éstos han caído en la trampa.
  • ‘Amoris Laetitia’ debe leerse sin prejuicios.

Harto interesante, por clarividente, el análisis del teólogo jesuita Ángel María Rojas sobre Amoris Laetitia, la archipolémica encíclica del Papa Francisco (en la imagen). Merece la pena leer el texto completo: Son cinco minutos.

Pero si sufrimos de fobia hacia la lectura ahí va la idea central:

“El arzobispo (se refiere a Williams Lori, arzobispo de Baltimore) anima a leer «Amoris Laetitia», especialmente el capítulo 8, párrafo 305 (y la nota 351 al pie), sobre el acompañamiento a personas en situaciones irregulares, junto con los puntos correspondientes de las exhortaciones apostólicas de San Juan Pablo II «Familiaris Consortio» (#84) y del Papa Benedicto CVI «Sacramentum Caritatis» (#29). Ambos documentos afirman la necesidad de que los divorciados vueltos a casar por lo civil obtengan la nulidad de su primer matrimonio antes de que se les permita el acceso a los sacramentos. «Esos documentos afirman la indisolubilidad del matrimonio sacramental, pero el último reconoce que quizás haya casos legítimos en que la fe católica pueda, por ejemplo, ser incapaz –en sentido jurídico– de probar que su anterior matrimonio era inválido»”.

Vamos, por si no había quedado claro: el Papa Francisco no ha cambiado la inamovible doctrina católica que puede resumirse así: para comulgar hay que estar libre de pecado. Ahora bien, es que Francisco no ha dicho otra cosa.

Lo que ocurre es que todo esto opera sobre la actual imagen del Papa Francisco que es mala tirando a peor y sobre la que existe una extraordinaria confusión. Veamos:

Si estamos en un cisma, y sí es cierto que los cismáticos, como advierte el teólogo Rojas, han salido del armario. El problema es que seguimos sin enterarnos de quiénes son los cismáticos y, pasando de lo general a lo particular, de quiénes son los unos y de quiénes los otros.

El jesuita Rojas lo explica así: con Juan Pablo II los progres no pudieron. A Benedicto XVI le hicieron la vida imposible. A Francisco le califican de progre para que los tradicionalistas se escandalicen. Y me temo que lo han conseguido. Y éstos han caído en la trampa.

En resumen, Amoris Laetitia debe leerse sin prejuicios. Es la culminación del malhadado y puñetero Sínodo de la Familia pero no dice ninguna de las burradas que sí se dijeron el Sínodo.

La crisis de hoy no es por papas malos (tampoco Francisco) sino por fieles infieles. Que los culpables somos todos, para entendernos.

Y entre los infieles se cuentan obispos y sacerdotes, ciertamente, pero también… los laicos de a pie. ¿Son más culpables los jerarcas? Sí, pero eso no nos exime a los de la clase de tropa.

El menos culpable es el Papa Francisco, así como los últimos Papas, grandes papas, como Juan Pablo II o Benedicto XVI. Pero con Francisco se está dando la curiosidad preocupante de que los tradicionalistas (Rojas no es, desde luego, un teólogo progresista) pueden ser engañados para tumbar a un Papa legítimo y sustituirle por otro que podría resultar un Papa ‘rarito’.

En cualquier caso, hay que rezar y apoyar a Francisco, no porque nos guste Francisco, sino porque es el Papa.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com