miércoles, 13 diciembre 2017 Número de edición: 5322
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La conjura contra la verdad

La conjura contra la verdad
  • Hoy vivimos la era de la blasfemia contra el Espíritu Santo: lo bueno es malo y lo malo es bueno.
  • Los falsos profetas nos han sorprendido: ¿Nada es verdad ni nada es mentira? De ningún modo. Ahora son ellos quienes imponen su verdad.
  • O sea, quienes imponen la mentira.
  • Es más, desconfíen del éxito y de la excelencia públicamente reconocida. 
  • Casi siempre se basa en la más abyecta de las mentiras. 
  • Esta es la consecuencia de la conjura contra la verdad.

Son palabras de San Juan Pablo II, cuando exclamaba que “los falsos profetas y los falsos maestros han encontrado el mayor éxito posible… Una verdadera conjura contra la verdad”.

400 años antes el gran Lope expresaba en verso:

Dicen que hace mucho tiempo

se marchó la verdad al Cielo,

tal la pusieron los hombres

que desde entonces no ha vuelto.

Insisto, el tránsito ya está hecho: el modernismo prescindió de Dios y convirtió al hombre en la medida de todas las cosas. Pero el hombre, sólo con Cristo como maestro alcanza la plenitud… también de la verdad. Por tanto, tuvo que conformarse con el gelatinoso relativismo del “nada es verdad ni nada mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Una sinsorgada, productora eficaz de depresión y suicidios.

Pero la exitosa labor de los falsos profetas ha llevado a superar el relativismo al ritmo marxiano: “Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cumbres de la miseria”.

Así, ahora hemos llegado a lo que siempre se ha llamado la era de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Ahora el Enemigo sí cree en la verdad (nunca dejó de creer en ella), sólo que no se trata de la verdad sino de su verdad, una verdadera inversión de valores y tendencias sobre lo bueno que se ha convertido en malo y lo malo en bueno.

Y así, las mayores estupideces obtienen hoy el mayor éxito. Es más desconfíen del éxito y de la excelencia públicamente reconocida. Casi siempre se basa en la más abyecta de las mentiras. Esta es la consecuencia de la conjura contra la verdad.

No siempre fue así. Hoy sí es así.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com