Comunión Tradicionalista
Carlista
1. NO OFRECEMOS SOLUCIONES
Cuando aparece una enfermedad, hay que buscar un remedio. Ante las enfermedades políticas y
sociales que debilitan a España, nosotros podemos decir que tenemos el remedio,
pero naturalmente, para que sea eficaz tendríamos que conseguir la colaboración
del paciente. Y esa parte me temo que nos falla un tanto.
Cuando se
cometen errores, es preciso que
aparezcan correctores. Ante los
errores que inundan la vida política y social de España nosotros podemos
presumir pues, si nos escucharan, los carlistas seríamos unos correctores
bastante buenos.
Pero eso de las soluciones... Me gusta que hayamos
planteado así el enunciado: ³SOLUCIONES QUE LA CTC PUEDE OFRECER A LA SOCIEDAD²
pero me veo obligado a tranquilizaros y a recordaros que nosotros, como
carlistas, los miembros de la Comunión
Tradicionalista Carlista -pobres de nosotros- no podemos solucionar
nada o casi nada. Sólo con que sepamos explicar esto a nuestros compatriotas ya
habremos conseguido algo fundamental y es distinguirnos absolutamente de todas
las demás organizaciones políticas que prometen que ellos nos van a solucionar las cosas. Y es
que problemas, lo que se dice
problemas, es totalmente normal que existan. Y soluciones, de esas soluciones
matemáticas en las que por milagros de la aritmética se da con un resultado que
resiste la prueba, lo que se dice soluciones, sólo las puede encontrar
plenamente el protagonista de cada problema.
Los partidos políticos del
sistema se presentan hoy en día como magos, como prestidigitadores que vienen a
solucionarnos la vida. ³Nosotros vamos a
hacer, nosotros vamos a arreglar...². Los carlistas nunca diremos
eso. Nosotros lo que queremos es que la gente, las personas, los pueblos, los
vecinos, la sociedad, las autoridades, afronten libremente sus propios
problemas. Y encuentre cada uno libremente sus propias soluciones.
Es
preciso que la política vuelva a su cauce. Hoy en día existe una exageración de
la vida política que contamina toda la realidad social porque la política, ese
arte de la convivencia, la ley, y la vecindad se ha sacado de quicio. Nosotros
queremos ponerla en su lugar. Queremos bajar los humos a esa especie de
tiranosaurio que es ³el político².
Pensemos, por ejemplo, en la relación
que hay entre la política, la
religión y la sociedad. Los fanáticos de la política
solucionista pretenden subordinar todo, la religión y la sociedad, a la
política. Es más, pretenden anular todo, la religion y la sociedad y politizarlo
todo. Nosotros decimos que el orden de las cosas es el siguiente: la ley moral y
la religión por encima; la sociedad por debajo con su vida libre; y la
política... para servir a ambas. No es tan difícil de explicar.
Pero
volvamos a decir algo a quienes esperan que, puesto que todo lo demás ha
fallado, seamos los carlistas la solución de sus problemas. Nuestro objetivo
principal es lo que cantamos en el Oriamendi: ³que venga el rey de España a la corte de
Madrid². No decimos: ³que venga
el partido que quiere que venga el rey de España a la corte de
Madrid², sino: ³que venga el
rey². Si el carlismo es un partido lo es en un sentido muy diferente
a los demás porque nosotros no nos sentimos marcados por la infalibilidad
política como para saber todo sobre todo (hasta cuál es el precio medio de un
café en España) o para gobernar mejor que los demás. Nosotros no renunciamos a
la conquista del poder político, porque sabemos que (como ha recordado el primer
ponente) la revolución ha venido siempre desde arriba. Pero eso no quiere decir
que pretendamos el poder para nosotros. En este sentido, si la Comunión es un
partido, es un invento provisional. Es verdad que llevamos ya 174 años de
provisionalidad, pero cuando llevemos ³al
rey de España a la corte de Madrid² nos disolveremos. Esto es lo que
siempre hemos dicho. Y eso es lo que haremos... si sucede.
En mi opinión
podríamos distinguir dos tipos de vocacion
política. Por un lado estaría la del ³rey y sus ministros², una
vocación de mando y de organización, es decir, de servicio desde el poder, que
por su propia naturaleza necesitaría de cierta estabilidad. Por otro estaría la
de los diputados y representantes. Y ésta es una forma de política que, contra
lo que sucede en la partitocracia, no debiera de profesionalizarse nunca. Y
pensándolo bien me parece -y esto es una idea más personal- que la vocación
política más propiamente carlista no es ni una ni otra. Por eso no abundan entre
nosotros los típicos políticos. Porque nosotros no pretendemos solucionar
directamente la vida a los demás. Y tampoco queremos representar por siempre a
toda o parte de la sociedad. Lo dicho, nuestra vocación es transitoria,
provisional, coyuntural... independientemente de esos 174 años que lleva
prolongándose esta situación.
Lo que nosotros proponemos son principios,
raíces, fundamentos, límites... y hasta si me permitís la palabra: talante.
Proponemos un punto de vista, damos un punto de apoyo desde el que cualquier
vecino podría trabajar en cualquier aspecto de la política. En la política
municipal, por ejemplo, la CTC
nunca dirá en bloque si hay que construir o no cosas concretas; en cinco
carlistas puede haber cinco opiniones legítimas y respetables (cosa que los
partidos del sistema no toleran). Cuando un carlista sea elegido para hacer
política municipal demostrará que es carlista en los principios pero las
soluciones concretas las hará como mejor crea, según su libre criterio
personal.
Todos los demás movimientos políticos hablan de la libertad
pero no se atreven a tocarla. Nosotros queremos que la gente sea libre, que use
su libertad, que haga, aunque no lo haga perfecto. Y que se equivoque si hace
falta. Pero que cada cual sea libre, es decir, que cada cual mande en lo suyo.
Por eso vuelvo a repetir: estamos totalmente en contra de esa profesionalización
de la política que está creando una especie de nueva aristocracia cutre. Alguien
tiene que decir en política que la perfección -que la profesionalización- no
existe en este valle de lágrimas. Que no se puede crear un mundo feliz sin Dios.
Ni hacer a Dios ³feliz² (entre comillas) olvidándonos del mundo. Así que
soluciones, lo que se dice soluciones, las dará, si puede, la misma gente. Y
cualquiera tendrá más garantías de acierto si lo hace según los principios que
nosotros enseñamos. Posiblemente no consiga un mundo más perfecto. Pero sin duda
conseguirá un mundo más humano.
2. OFRECEMOS UN PUNTO DE VISTA DIFERENTE Y ORIGINAL Y
UNA DOCTRINA SÓLIDA
El problema profundo y verdadero que tiene nuestra
sociedad es doctrinal, no de táctica, ni de estrategia, ni de mal menor (como
nos ha recordado José Fermín Garralda). Existe una cosa que se llama liberalismo y que es un error, un conjunto
de errores, que es preciso refutar. Esto, en política, no lo dice nadie. Por eso
está claro que tenemos un hueco para nosotros, porque vendemos un producto
genuino. Una doctrina política vieja y nueva a la vez que sirve para aportar
sentido común a cualquier problema que se nos plantee, por nuevo que sea.
A veces somos tan originales, y aportamos tantos matices a las cosas,
que eso mismo nos complica la propaganda. Tenemos que aprender a explicarnos
mejor y a huir de los simplismos y los bipartidismos. Nosotros no somos ni rojos
ni azules, ni izquierdistas ni derechistas, ni capitalistas ni socialistas, ni
machistas ni feministas, ni centralistas ni separatistas, ni anarquistas ni
totalitarios, ni ateos ni meapilas, ni marxistas de reino sin Cristo ni pietistas de Cristo sin reino... Aunque haya que
perfeccionarlo lo tenemos; tenemos un lenguaje propio, y unos gestos propios. No
somos la tercera vía, somos otra cosa. No somos una reacción, somos anteriores.
Somos en fin la España de siempre, la que vive en sus tradiciones de forma a
veces hueca e inconsciente, pero serena. Y tenemos en el fondo esta centralidad
y este equilibro porque nos los da el ser católicos, el estar ni un paso
adelante ni un paso atrás de la Iglesia.
En la doctrina política y social que ofrecemos todo
encaja. El trilema de Dios, Patria-Fueros y
Rey está muy bien pensado. Y como ha dicho Garralda es tan bueno que
nos lo quieren falsificar. Por eso yo no tocaría en este momento, de aquél
Ideario que se redactó en los Congresos de la
Unidad, ni una sola coma. Y digo del Ideario, que es lo permanente,
pero no del programa que evidentemente lo retocamos cada vez que abrimos la boca
según sea nuestro interlocutor. El Ideario nos define perfectamente: cristianos,
patriotas, libres, tradicionales. Con la originalidad de pedir la
confesionalidad del estado, y la reivindicación de la Tradición de Las Españas.
No tenemos que perder ni un minuto en definirnos. Sabemos lo que somos y dónde
están los límites: ni laicismo, ni integrismo, ni democracia cristiana, ni
liberalismo, ni marxismo, ni pietismo, ni pesimismo, ni militarismo, ni
centralismo, ni separatismo... en fin: armonía y equilibrio. Ese Ideario es hoy
en día nuestra razón de ser, y digan lo que digan las encuestas; se lleve lo que
se lleve en Europa, no vamos a cambiarlo. Porque el Ideario de la Tradición el
tronco que nos une con las famosas raíces de que tanto se habla. Raíces, tronco,
y ramas. Todo junto y coherente, para que se sepa que somos los representantes
de la Tradición y que aunque suene un poco fuerte, nuestra democracia cuenta,
aquí, en España, con los votos de los muertos.
Aparentemente hay en este
mundo de colorín y publicidad muchas opciones distintas. Pero un católico que se
preocupe especialmente por todas estas cosas de la política no tiene muchas
alternativas. Si se mete en un partido laicista es para sufrir. Y si lo que
quiere es un partido que proclame la ley moral natural y que respete la objeción
de conciencia... que busque bien, porque no existe nada semejante fuera de la
Comunión y algún otro pequeño partido extraparlamentario confesional. Y por otra
parte, el derroche de energías que supone dar la cara en batallitas perdidas y
aisladas (el aborto, la familia, el terrorismo, la unidad de España) puede
resultar entretenido mientras se es joven pero después, con la hipoteca y los
niños, todo se complica. El carlismo es el único punto en que se unen
todas las batallas en una sóla. ¿No quieren eficacia? Pues aquí la tiene quien
quiera. Y si quiere trabajar dentro que entre. Y si le basta con tenernos como
punto de referencia pues muy bien. Se puede
elegir.
3. OFRECEMOS
UN CAUCE DE PARTICIPACIÓN EN POLITICA
Recapitulando: no ofrecemos soluciones;
sí ofrecemos principios. Pero además nos ofrecemos a nosotros mismos, como
Comunión, para ser un cauce, una
organizacion para quien tenga vocación política y quiera participar. Ya he
aclarado antes que puede haber dos tipos de vocación: la de mandar y la de
representar. Y además la vocación más especificamente carlista de luchar,
primero para que llegue al poder ³el rey legítimo² y después representar a la
gente de principios. Todas estas vocaciones son buenas, necesarias y
complementarias. Y en la Comunión han de tener todas su sitio.
Eso
quiere decir que la Comunión ha de prepararse para crecer. No podemos
conformarnos con ser un rescoldo que no transmite la llama. La Comunión tiene
que crecer, y de tal forma que todos quepamos, que todos nos respetemos. E
incluso para llegar a ser un cauce no sólo para los que tengan una vocación
directamente política. En la Comunión han de encontrar un puesto también los que
tengan vocación intelectual para escribir, para publicar, para historiar. Y los
que tengan vocación periodística, y los educadores, y los asistenciales, y los
artistas, y cualquier persona con sentido común... todos. Es preciso que
admitamos que dentro de la Comunión puede haber gente con distintos estilos, que
puede haber carlistas de formas más clásicas y otros más innovadores. Respeto
dentro, en fin. Y respeto fuera también para conseguir que la CTC se mantenga
siempre independiente de sectores concretos, que nunca se convierta en el brazo
político de nadie, ni de grupos económicos, ni ideológicos, ni
religiosos.
En el momento actual tengo la convicción de que no tenemos
que hacer nada extraordinario para crecer sino tomarnos más en serio lo que ya
somos y tenemos: con nuestros estatutos, con las normas de organización interna
que ya empleamos, con nuestras juntas y con cualquier iniciativa que haya
demostrado algún fruto en estos últimos años ya sea el Foro Alfonso Carlos I,
Cruz de Borgoña, la revista Ahora, El Bazar, los actos públicos, etc. No hay que
inventar nada nuevo sino desarrollar lo que ya tenemos con perseverancia y con
paciencia.
Y permitidme que siga concretando algunas cosas más en las
que habremos de incidir para que la Comunión tenga cada vez un mayor atractivo y
cada vez más personas vean en ella una forma sensata de emplear sus
energías:
1. Una dirección política que reparta tareas entre todos. Una
Junta de Gobierno fuerte, que llegue a manejar una potente base de datos (de
afiliados, simpatizantes, clientes del bazar, suscriptores de ahora, niños
monitores y padres de CB, medios de comunicación, entidades sociales, civiles y
religiosas, etc.), que ponga en contacto con la Comunión todo lo que todavía
quede de sana sociedad tradicional.
2. Unos medios económicos que nos den
independencia. Una sólida base económica fundamentada en cuotas y en pequeñas
iniciativas que se autofinancien (CB, Ahora...) y también, en cuanto sea
posible, mediante una fundación, tal como acordamos en el último
Congreso.
3. Una ³organización organizada² y más grande. Con una
Secretaría Técnica al servicio de todos, con más personal, bien dotada y muy
eficaz. Que allí donde haya al menos tres afiliados se constituya una Junta
Carlista para crear una red más extensa. Y que donde no haya junta nombre la
Junta de Gobierno delegados responsables, para que la CTC esté presente en todos
los rincones de España.
4. Bien comunicados hacia dentro y hacia fuera.
Una comunión bien ³comunicada², para que cada afiliado o cada persona que se
acerque a la Comunión se sienta invitada a participar e informada de lo que se
hace: por correo, mediante boletines, circulares, correo electrónico, mensajes
sms, etc. Mediante notas de prensa, comunicados, ruedas, manifiestos,
etc.
5. Una Comunión capaz de hacer propaganda eficaz y original. Para
multiplicar fuera, llegando a otros, el efecto de todo lo que se haga dentro. Y
que no se escriba nada que luego no se difunda. Propaganda, propaganda, y
propaganda.
6. Una Comunión que atraiga y centre a los jóvenes católicos.
Que a los espiritualistas los baje a la tierra y que eleve a los
activistas. Que persevere y mejore siempre actividades como los campamentos o
las reuniones para la formación.
7. Que forme a la gente con vocación. Y
que la revista Ahora y otras ediciones que se vayan haciendo sirvan a ese
objetivo, junto con los encuentros del Foro Alfonso Carlos.
8. Una
Comunión que oriente a todos, en fin, sobre la situación actual, que critique y
que proponga. Y aprovechando, como CTC, siempre que sea posible, la mecánica
electoral. Como CTC o animando a candidaturas independientes en las municipales,
o con otras marcas electorales que se vea oportuno utilizar. Esta lucha
electoral, de antigua tradición en el carlismo, nos ha de distinguir de
cualquier otra iniciativa nostálgica o puramente intelectual que pueda
conformarse con la simple repetición de los
principios.
4. OFRECEMOS
UNA DEFENSA Y REPRESENTACIÓN DEL PUEBLO CRISTIANO ANTE LOS PODERES
LAICISTAS
Por
último, y para terminar, esta Comunión que no ofrece soluciones, que muestra
principios, que se ofrece como cauce organizado, está llamada a ser baluarte y
defensa del pueblo cristiano español ante la tiranía laicista que viene.
El carlismo tendrá sentido aunque no llegue a la Corte de Madrid. Tiene
razón de ser aunque no domine el territorio. El carlismo no puede limitarse a
proclamar principios como un disco rayado. Una vez proclamados, alguien tendrá
que dar la cara por el pueblo español, el verdadero e indígena pueblo tradicional y católico
español, que vive huérfano de representantes. Por eso la posibilidad real, el
riesgo, de manchar nuestras gloriosas banderas no puede amedrentarnos nunca
hasta tal punto que renunciemos a la toma de decisiones políticas, electorales,
discutibles o arriesgadas. En eso consiste hacer política. Y hacer política,
negociar si viene al caso, hablar con personas que pueden hacernos daño... todo
ello por responsabilidad y sin caer en lo que podríamos llamar, más que carlismo
(el seguimiento de Don Carlos), ³carlistismo² (el seguimiento anquilosado de una
imagen de museo).
Nadie sabe hasta qué punto o cuándo van a volver los
tiempos de catacumbas. Voy a dejar caer una idea, y es que en cualquier caso,
pase lo que pase, a lo mejor alguien tiene que preparar las catacumbas,
acondicionarlas, y defenderlas.
De momento lo que hay que hacer es misionar
cueste lo que cueste. Y todos juntos, todos juntos en
unión.
F. Javier Garisoain
Presidente de la Junta Carlista
de Navarra
y Vocal de la Junta de Gobierno
Cerro de los Angeles, 21 de
abril de 2007