Miércoles, 16 agosto 2017 Número de edición: 5237
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Feminidad es acogimiento: “La mujer acoge al hombre, la madre al niño, la prostituta al amante”

Feminidad es acogimiento: “La mujer acoge al hombre, la madre al niño, la prostituta al amante”
  • Suena fuerte pero no por ello deja de ser cierto.
  • Nos cuesta entender el alma femenina, tan querida por Dios: Fabrice Hadjadj lo consigue.
  • Escuchen: “Podemos entender que el masculino es un cuerpo lleno de sí mismo, que fabrica cosas con sus manos, externas a él”.
  • “… Pero el femenino es un cuerpo naturalmente entregado, con su hueco en el centro, hueco en el interior del cual se engendra”.
  • “… No algo, sino alguien, incomprensiblemente, sin las manos”.
  • La incomprensión del alma femenina es una de las considerables tragedias de nuestro tiempo.     

Para mí, ha sido un descubrimiento tardío. Se llama Fabrice Hadjadj, es un judío francés, converso a Cristo y a la ironía, profundo filosofo y cachondo mental, mitad por mitad. Perderse su obra es pecado.

Recién termino su libro Resurrección, su última obra traducida al español. Solo un personaje como este cartesiano poco serio, podía sacar tanto del hecho de la resurrección de Cristo al que los grandes autores le tienen más miedo que a la pasión, Hadjadj ha extraído un verdadero manual de vida. Pinceladas varias:

  1. Pocas veces había visto yo definir la feminidad con tanta precisión. Por ejemplo, la feminidad -asegura- es acogida. Pero al amigo Fabrice no le gustan las palabras blandas y entonces se sitúa en las siguientes coordenadas: “en su cuerpo, la mujer acoge al hombre, la madre acoge al niño, la prostituta al cliente”. Cuesta aceptar que la prostitución sea ‘acogida’ por lo mismo que no entendemos al hombre: porque las notas distintivas de feminidad y masculinidad no son buenas ni malas en sí mismas, y pueden y suelen enrolarse en ambas categorías.
  2. Sí, la prostituta también acoge. Otra cosa, es con qué motivo: “podemos entender que el masculino es un cuerpo lleno de sí mismo, que fabrica cosas con sus manos, externas a él. Pero el femenino es un cuerpo naturalmente entregado, con su hueco en el centro, hueco en el interior del cual se engendra. No algo, sino alguien, incomprensiblemente, sin las manos”.

Y yo no tengo nada más que añadir. Salvo que, quizás, la incomprensión del alma femenina es una de las considerables tragedias de nuestro tiempo.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com