martes, 16 enero 2018 Número de edición: 5346
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Familia y mundo: de la comunión a la contraprestación

Familia y mundo: de la comunión a la contraprestación
  • ¿Cuántos jóvenes se casan con el firme propósito de tener todos los hijos que Dios quiera?
  • Sólo los amargados no confían en la familia: será porque les ha fallado la suya.
  • Quizás, el cardenal Osoro debía haber recuperado la Eucaristía callejera en la Festividad de la Sagrada Familia, que inaugurara Rouco.

Ante la festividad de la Sagrada Familia, volvamos a Chesterton: “la familia es una célula de resistencia a la opresión”. Una frase preciosa pero, sobre todo, muy cierta. Sólo en el hogar se mide a la gente por lo que es, no por lo que aporta. La familia es lo único que no es mercado. En cuanto sales de casa ya vales tanto como aportas. Nada más. De la comunión a la contraprestación. Además, sin padres no habría hijos.
Por cierto, no sé si la familia está en crisis (me temo que sí) pero, salvo para el viejo cínico o para el adulto amargado, sigue siendo la institución en la que más confía el ser humano, sobre todo los jóvenes.

Algo tendrá el agua cuando la bendicen, algo tendrá el vino cuando lo consagran.
Entonces, ¿por qué la familia da tantos problemas? Es lógico: ¿acaso hemos olvidado que la corrupción de lo mejor es lo peor? Es justo lo que nos está ocurriendo.

Sólo los amargados no confían en la familia: será porque les ha fallado la suya.

Un detalle: el obispo Osoro debía haber recuperado la Eucaristía callejera en la Festividad de la Sagrada Familia, que inaugurara el obispo Rouco en pleno centro de Madrid. Hay que salir a la calle. Hace 5 años, los cristianos debían ser discretos; hoy deben ser exhibicionistas. Es lo que hay.

Y la pregunta de hoy sobre la familia es: ¿Cuántos jóvenes se casan con el firme propósito de tener todos los hijos que Dios quiera? Porque tal es la cuestión. Mientras la mujer actual continúe pensando en su carrera laboral por delante de su maternidad pasarán muchas cosas. Entre otras, que la economía quebrará por el envejecimiento de la población. Pero a lo mejor eso no es lo más importante.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com