• Y ojo: el feminismo ya es políticamente correcto: que no nos pase nada.
  • Pobre de aquel que se atreva a discrepar de las tesis feministas, incluso de las más radicales.
  • Primero será marginado, luego delincuente.
  • Sí, según el artículo 510 del Código Penal, el de los delitos de odio.
  • Y sin embargo se mueve: la mujer no está marginada, sólo la madre.
  • Porque el feminismo no defiende a la mujer, defiende a la mujer incapaz de entregarse a sus hijos.
  • Y así hemos creado un Occidente envejecido e insostenible.
El problema para la libertad de expresión es que el feminismo se ha convertido en lo políticamente correcto. Así que ¡temblad malditos! ¡Pobre de aquel que se atreva a discrepar de las tesis feministas, hasta de las más radicales! Primero será marginado -marginada- pero ojo, porque también puede acabar en delincuente. En serio: para eso está el artículo 510 del Código Penal sobre delitos de odio, una maravilla que convierte la discrepancia en delito y que revierte la carga de la prueba sobre el acusado, obligado a demostrar que no es un machista -o una machista- y que él no odia a las mujeres. Sencillamente por decir lo que piensa. Y, sin embargo, se mueve. La verdad es irreductible y la verdad dice que no es la mujer quien está marginada en Occidente: sólo la madre. Porque el feminismo no defiende a la mujer, defiende a la mujer incapaz de entregarse a sus hijos y que lo fía todo a su carrera profesional. Para el feminismo, las madres son el proletariado del género femenino, no la clase dirigente, que son ellas, las feministas, las liberadas, quienes triunfan en el mundo… y las que han colaborado a crear una sociedad envejecida e insostenible. Por cerito, todo ello al grito de Chesterton: "200.000 mujeres gritan: 'no queremos que nadie nos dicte' y acto seguido van y se hacen dactilógrafas". Eulogio López [email protected]