• Aunque cuando era jovencito me acosaban mucho más.
  • La mujer también acosa, sólo que lo hace de forma distinta al hombre.
  • Porque para eso el sexo masculino es emisor y el femenino es receptivo.
  • Tanto física como psicológicamente.
  • En suma: nada más distinto a un hombre que una mujer… afortunadamente para todos.
Según un sondeo de Metroscopa que el diario El País ha convertido en portada, "una de cada tres españolas se ha sentido acosada". Personalmente, en cuanto repugnante varón, yo también me he sentido concernido. Sépanlo de una vez, como Metroscopia acusa para preguntarme si me he sentido sexualmente acosado, no tendré otro remedio que confesarlo: Sí, y no sólo una vez en la vida, sino cada vez que salgo a la calle. Toda mujer poderosa (las menos poderosas, menos), sobre todo las de escaso textil, me acosa. Y cuando era adolescente, aún me acosaban más. Es verdad que a servidor, como en el chiste del asilo, ya empieza a hacerle efecto el bromuro que no le dieron en la mili, que no hizo. Pero ¿acosarme? ¡Vaya si me acosaban! A ver: el sexo masculino es emisor, el sexo femenino es receptor. Por eso, Romeo está abajo, dándole a la bandurria, y Julieta arriba. Por eso, el hombre se declara a la mujer y la mujer le da el visto bueno o él sacude calabazas. Lo que significa que el varón acosa de una manera y la mujer de otra, especialmente con gesto y vestimenta. Repitamos: cada sexo acosa de forma distinta, porque para eso el sexo masculino es emisor y el femenino receptor. Y esto tanto física como psicológicamente. Y ¿necesito decirlo? Tamaña diferencia no implica ni superioridad ni inferioridad. Simplemente, nada más distinto a un hombre que una mujer... afortunadamente para todos. Eulogio López [email protected]