• Último hito científico: la consciencia la creó un virus.
  • Y la conciencia Donald Trump y el alma Xi Jinping.
  • Ni Dios, ni la autocreación: un virus, mayormente mutante y seguramente muy feo.

Estoy emocionado ante el último descubrimiento científico. Los medios de comunicación más sesudos de España, por ejemplo, el ABC y OK Diario, así como el cada día más interesante Muy interesante, se han apuntado a la última, a la vanguardia científica, porque hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad. La cosa consiste en que unos muy prestigiosos científicos (quizás una reiteración), casi expertos, han descubierto que fue un virus el que creó la consciencia humana. Hasta ahora, algunos pensábamos que la consciencia (o sea, la conciencia, o sea, todo) la había creado Dios. Nuestros contrarios, ateazos y agnósticos varios, opinaban que la consciencia (o sea, todo) se había creado ella solita, mismamente unos milloncejos de años después del Big Bang, otra auto-creación. Pero esto resulta mucho más original. Ni Dios ni la autocreación: fue un virus. No el de la gripe pero algún pariente próximo. Verán, los griegos distinguían entre alma y mente, lo que ocasionó no pocos problemas a los Aquinates de turno. Pero  desde Aristóteles comenzó a quedar claro que una cosa es el espíritu, lo inmaterial, y otra lo material y que el ser humano era un enigma de difícil solución pues era espíritu, materia y, encima, distinguía entre el bien y el mal. Es más, el materialismo contemporáneo defendía su tesis tras una premisa, en mi opinión imposible, pero ciertamente lógica: el espíritu no existe, sólo existe la materia… y ya veremos luego cómo explicamos el salto de la materia vulgar a la materia inteligente. Pero con el nuevo avance modernista, el del virus creativo, llegamos mucho más allá: resulta que la materia inteligente ya existía, sólo que no era humana, sino vírica, como la gripe y los catarros molestos y, miren por dónde, el tal virus, que a lo mejor era un mastuerzo, no era inteligente sino sencillamente feísimo, inventó la consciencia… y la conciencia, y el alma, y la inteligencia, y la sensibilidad, y la personalidad… y al mismísimo Puigdemont. Y esto es bello e instructivo, porque recuerda que los máximos representante del género humano pueden decir las más grandiosas chorradas que en el mundo han sido, por olvidar las verdades primarias que conocía cualquier bachiller en filosofía, tres décadas atrás. Por ejemplo, ese bachiller sabía lo siguiente: 1.- Que el espíritu existe porque las cosas permanecen, por ejemplo, las personas, a pesar de que su materia está en continuo cambio, nacimiento y desaparición. 2.- Que el espíritu no tiene partes y, por tanto, no puede ser creado por un virus, por muy feo que sea el virus, dado que el joío virús es un ser material y sí tiene partes. Aunque sea muy pequeñito…. Tiene partes. 3.- Porque tampoco el espíritu puede crear el alma. Una cosa es que el espíritu no muera y otra cosa es que tenga el poder creador. 4.- Y todo esto porque crear no consiste en convertir algo muy pequeñito en algo muy grande, sino en sacar algo de la nada. 5.- Porque crear, insisto, supone el salto de la nada al ser, no de algo pequeño a algo grande. Eso sólo es desarrollo, no creación. 6.- Porque las cosas se explican muy bien unas por otras. Lo difícil es explicar por qué hay cosas. Ahora bien, si en el principio era el virus, creador de consciencias, entonces me callo. Por cierto, hay una última conclusión; la idiocia suprema no radica en el proletariado, como algunos fascistas suponen: radica en los listillos, también en los científicos listillos. Bueno, y en los 'expertos'. La consciencia la creó un virus, la conciencia Donald Trump y el alma Xi Jimping. Eulogio López [email protected]