• Pareciera que ya estamos en esos últimos tiempos.
  • Y debemos acostumbrarnos a que el cristianismo es una religión de minorías.
  • Ejemplo: hay más gente en misa de diario y menos en misa de domingo.
  • Pero, sobre todo, en los unos se palpa la fe en la Eucaristía; en los otros, ligeramente menos.
Aumenta el ateísmo hasta el extremo que la frase evangélica que mejor se corresponde con el mundo actual es esa exclamación tremenda de "Cuando vuelva el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?". Lo que revela, al menos, dos realidades: que la segunda venida de Cristo no es una quimera, sino una verdad de fe, que repetimos cada vez que recitamos el Credo y que esos últimos tiempos no andarán sobrados de la vacuna contra la gran tribulación, que no es otra que la confianza en Dios. Una confianza asentada en las dos columnas de la Iglesia que soñara San Juan Bosco para esa Gran Tribulación: la Eucaristía y la Virgen María. Parecería que ya estamos en esos últimos tiempos. Otrosí: debemos acostumbrarnos a que el cristianismo es una religión de minorías. Insisto: aumenta el número de cristianos que acude a misa a diario mientras disminuyen los que sólo cumplen con el precepto dominical. Al menos, en España. Pero, sobre todo, en los unos se palpa la fe en la Eucaristía; en los otros, ligeramente menos. Lo dicho por Benedicto XVI: el cristianismo se convierte en una religión de minorías. Y no es de extrañar que se diga que Dios otorga la fe a quienes ya la tienen porque la fe se otorga a todo aquel que la solicita y, de inmediato, a cambio de una mínima confianza en la persona de Cristo. Y lo cierto es que todo el conocimiento humano, con la sana excepción de la evidencia, funciona por confianza en quien consideramos digno de crédito. Por lo demás, en cuanto asoma esa confianza, la aportación de la otra parte está asegurada. La fe es un don ciertamente, pero también una solicitud permanentemente atendida, un regalo jamás negado. Quien quiere creer, cree. También en los últimos tiempos. Y luego, tras ese salto, llega la certeza. Eulogio López [email protected]