viernes, 19 enero 2018 Número de edición: 5349
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El Niño Dios de Belén

Sr. Director:

Su nombre es Jesús y su  Natividad se celebra el 25 de diciembre en todo el Orbe cristiano.

Su vida terrena fue breve, sólo 33 años; pero suficiente para cambiar la mentalidad del mundo con su predicación sobre el Amor y la Misericordia, la Justicia y la Paz.  Durante siglos hasta nuestros días, ha enamorado a muchos, y son innumerables sus seguidores  que han dado la vida por él. Nacido de la Virgen María hace más de 2000 años es el Ser más admirado en la Tierra, verdadero Dios y verdadero hombre, una sola persona con dos naturalezas, humana y divina.

Murió en una Cruz para redimir al hombre, separado de Dios por su soberbia; pero resucitó y está vivo. Tan fresca es su memoria, como auténtica su morada permanente entre nosotros en la Sagrada Eucaristía. De raza judía; pero hombre universal: los cristianos del mundo entero lo sentimos nuestro. Su concepción milagrosa ocurrió así: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se encarnó en las entrañas de la Virgen María. La doncella nazarena no podía entenderlo y el ángel Gabriel se lo explicó: “El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios” (Lucas, 1, 35). “Lleno de sabiduría y gracia” (Lc. 2, 4). Sus preguntas y respuestas con sólo doce años, dejaron estupefactos a los doctores de la Ley.

Una mujer sencilla cuenta que había deseado, vivamente, ver, en su mente, la imagen física de Jesús, y se lo dijo junto al Sagrario. Dos o tres días después, se despertó  en mitad de la noche y, sin abrir los ojos, contempló, en brevísimos instantes, una figura humana que le pareció de Cristo. Impresionada por sus bellísimos ojos oscuros, grandes y de mirada profunda, se dijo: no es extraño que los Apóstoles se rindieran a su llamada. Además, existe una carta al Cesar, atribuida a Publio Léntulo, sobre la persona de Jesús de Nazaret.

Josefa Romo