jueves, 21 septiembre 2017 Número de edición: 5263
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El CEC agoniza

El CEC agoniza
  • El Consejo Empresarial para la Competitividad, que albergaba a las grandes empresas, hoy no coordina nada.
  • Lleva un año sin reunirse y se han aplazado media docena de ‘cumbres’.
  • Pablo Isla y Juan Roig se han negado a sustituir a Alierta.
  • Ignacio Galán no es aceptado por la mayoría, al igual que Francisco González.
  • Y entonces FG es el primero en buscar la disolución del CEC.
  • Y Fernando Casado propone una reunioncita anual: descafeinar la institución.

El Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) reunía a los empresarios y banqueros más poderosos del país. Desde su nacimiento fue dirigido por el triunvirato dirigido por César Alierta, Emilio Botín e Isidro Fainé. Pero Botín murió y su hija Ana no ha estado por la labor; César Alierta dejó de ser presidente de Telefónica y sólo accedió a mantenerse hasta el mes de febrero de 2017. Y ahí empezó el lío.

La situación actual es la siguiente: durante el interregno político de hace un año, el secretario del CEC, Fernando Casado, ha intentado convocar más de media docena de reuniones, la última hace apenas dos semanas… y todas han sido desconvocadas por falta de quorum. Y la intrahistoria es ésta: Pablo Isla, presidente de Inditex, se negó a suceder a César Alierta. El otro candidato de consenso, Juan Roig, presidente y propietario de Mercadona, también se negó. El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán y el del BBVA, Francisco González, quisieron pero no pudieron. Galán no ha encontrado consenso mientras FG topó con la oposición de otros bancos allí presentes. A partir de ahí, salieron candidatos como Antonio Huertas, de Mapfre, o Simón Pedro Barceló, de la familia hotelera. Eso por no hablar de que el presidente del BBVA, Francisco González, al no obtener la presidencia, optó por plantear la liquidación del ‘organismo’. Y en esas estanos cuando Fernando Casado, intentando salvar lo salvable, propone una reunión anual y la elaboración, por parte de técnicos, de estudios especializados. En otras palabras, descafeinar la institución.

¡Quién te ha visto y quien te ve! El CEC, antaño el instrumento más poderoso e interlocutor del Gobierno, aparece hoy como una figura casi patética. El CEC agoniza y lo malo es que nadie quiere ejercer de enterrador.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com