lunes, 20 noviembre 2017 Número de edición: 5305
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Disney, al descubierto (y II). Además de pro-gay, la multinacional huye del sentido de la trascendencia como de la pólvora

Disney, al descubierto (y II). Además de pro-gay, la multinacional huye del sentido de la trascendencia como de la pólvora

  • Los ‘herederos’ de la corporación han olvidado las convicciones de Walt, que respetaba la religión como garante de una serie de valores.
  • Disney prefiere el panteísmo, una religión muy de Hollywood, como ha demostrado en películas como ‘El Rey León’ o ‘Pocahontas’.
  • También suprimió la palabra “Dios” de la campaña para promocionar la película ‘Los Diez Mandamientos’.
  • Ahora, la multinacional se pliega al ‘lobby gay’: por eso dejó de subvencionar a los ‘boy scouts’ o introdujo a una pareja de lesbianas en Disney Channel.

Explicábamos ayer cómo el imperio cinematográfico, mediático y de entretenimiento Disney no entiende la trascendencia, que arriesga en efectos especiales pero no en la defensa de los valores naturales, y finalmente, se pliega a un mensaje para evitar polémicas. Es más cómodo, pero también más insustancial. Y si esos mensajes proceden del ‘lobby gay’, también, el ese ‘lobby’ es mucho ‘lobby’.

Antes de entrar en nuevos detalles, en torno a todo eso, volvamos a Walt Disney, el fundador de la compañía. Aunque son poco conocidas sus convicciones religiosas, sí respetaba la religión como garante de una serie de valores. Lo cuentan Leonard Mosley y Marc Eliot en sus biografías de 1985 y 1993, respectivamente, en las que fulminan, dicho sea de paso, la leyenda de que su cuerpo fue criopreservado hasta los avances científicos pudieran devolverlo a la vida. Disney estaba fascinado por los avances de la ciencia, pero no era tonto. El culpable de la leyenda fue un reportaje aparecido en una revista americana en 1969.

Si es cierto que Walt respetaba la religión como garante de una serie de valores, no estaría muy contento, como quien dice, con la deriva posterior de la compañía. Aparte de por las declaraciones de la pareja musical de ‘Frozen’, la multinacional ha sido señalada, también este año, en la prensa americana por dos noticias que muestran dos síntomas: lo poderoso que es el ‘lobby gay’ y cómo Disney se pliega a sus deseos.

En marzo, la compañía decidió retirar, contrariado, cualquier subvención a los Boys Scouts porque esta organización, desde 2013, estableció que, aunque permite que un homosexual sea ‘boy scout’, no considera oportuno que dirija o guíe a alguno de sus grupos. Y en enero levantó una ola de críticas cuando su canal para niños, Disney Channel, incluyó a una pareja de lesbianas en su serie ‘Good Luck Charlie’, por aquello de que tener dos madres debe ser lo más normal del mundo y los niños lo entenderían estupendamente.

Pero el problema de Disney no acaba en sus conexiones con el ‘lobby gay’. Está también en su frontal oposición a la trascendencia. Para aclararnos, una frase como la que pronuncia Russel Crowe en la película ‘Gladiator’, de Ridley Scott, sería imposible en una película de Disney. “Lo que hacemos en la vida, tiene un eco en la eternidad”, dice Máximo para animar a sus tropas en la campaña romana en Germania.

Disney ha optado desde hace tiempo por posiciones más cómodas, menos comprometidas. Prefiere el panteísmo, por ejemplo -una religión muy de Hollywood, por cierto-, y lo ha demostrado en películas tan aclamadas como ‘El rey León’ (en la imagen) o ‘Pocahontas’. Dios es demasiado grande para Disney, para decir que existe o que ha creado el mundo. Prefiere ver la ‘energía espiritual’ que brota de los animales, los árboles o las montañas a admitir un sentido trascendente de la existencia. Uf, eso es demasiado problemático…

Como explicaba Aleix de Tocqueville, “el hombre, no satisfecho con el descubrimiento de que no hay nada en el mundo sino una creación y un Creador, busca expandir y simplificar su concepción por incluir a Dios y el universo en un gran todo”.

Aclaro que con la visión panteísta de las cosas, no existe diferencia esencial entre el universo, la naturaleza y Dios. Todo es lo mismo. O si lo prefieren, por aquello de que queda más claro, Dios no es un ser en particular. Al contrario, todos nosotros somos Dios, del mismo modo que lo son también los animales, las plantas o las estrellas. El panteísmo niega, en suma, el planteamiento de Dios como creador de todas las cosas, algo que entiende cualquiera. La causalidad es la mejor demostración para llegar a un Ser increado que ha creado todo lo demás. Y es evidente que si se niega la acción de Dios, que el cristianismo completa con toda su doctrina, carece de sentido todo lo demás: la razón última del ser, de la verdad, de la bondad y de la belleza. Tampoco hay exigencia moral posible. Es la misma conclusión a la que llegó Nietzsche desde un planteamiento nihilista: “Nada es verdad; todo está permitido”.

Hay un ejemplo, el último, que no me resisto a obviar. Una de las películas más conocidas de Disney es también ‘Los diez mandamientos’. Citar o no a Dios en las letras de ‘Frozen’ tiene su aquel, pero evitarlo también en la historia bíblica es mucho más grave, pero también sucedió. La compañía suprimió el término “Dios” de las promociones publicitarias de esa película animada, a pesar de que Dios estaba en la esencia de la historia de Moisés y las tablas de la ley.

Lo cuenta Cindy Bond, presidente de Promenade Pictures, la compañía contratada por Radio Disney para la campaña publicitaria del filme. La compañía pidió por correo electrónico a Promenade que eliminara la frase “Escogido por Dios”. Cindy Bond protestó -suprimir esa frase, les dijo, implicaba “romper con la verdadera historia” de Moisés-, pero la queja no prosperó y Promenade Pictures se tuvo que plegar a Disney por cuestiones comerciales: no quería perder oportunidades comerciales, sobre todo en el público infantil y adolescente que escucha Radio Disney en Estados Unidos.

Mariano Tomás

mariano@hispanidad.com