martes, 21 noviembre 2017 Número de edición: 5306
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De Ruán a Islamabad

Sr. Director:

Aunque son cada vez más los musulmanes cultos que levantan su voz ante las violaciones en Pakistán de los derechos humanos contra las minorías, especialmente, la cristiana.

Muchos miembros de las minorías son tratados como ciudadanos de segunda categoría. Basta pensar en la reciente muerte de un obrero cristiano en Lahore: perdió el conocimiento -por intoxicación respiratoria- mientras trabajaba en las obras de canalización de las aguas residuales; sus compañeros le llevaron a un hospital cercano, pero el médico de urgencias, musulmán, se negó a tocar su cuerpo, cubierto de barro, porque estaba ayunando y siguiendo las prácticas del Ramadán.

Otro obrero murió en Faisalabad (provincia de Punjab), a consecuencia del trato recibido a raíz de la sumisión a una familia de terratenientes musulmanes, para devolver una deuda contraída por sus padres. Esa “esclavitud por deudas” es otra fragrante violación de los derechos humanos. Estos días acaba de morir un estudiante acusado de blasfemia.

Sólo cabe esperar que la condena por corrupción del primer ministro, Nawaz Sharif, abra el camino para la implantación en Pakistán de la igualdad de derechos, también para las minorías.

Como hace cuatro años, tras el atentado en que casi perdió la vida la casi niña Malala Yousufzai -luego el más joven premio Nobel de la paz-, se introdujo el primer proyecto de ley para defender el derecho a la educación.

Suso D.