sábado, 21 octubre 2017 Número de edición: 5284
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Las meteduras de pata del Banco de España dispararon el coste de la crisis bancaria

Las meteduras de pata del Banco de España dispararon el coste de la crisis bancaria
  • Solo las ‘fusiones frías’, forzadas, de las cajas costaron 19.000 millones de euros.
  • ‘Spain is different’. El BdE culpa de la crisis a la política monetaria del BCE: era la que necesitaba la Eurozona, aunque España no.
  • Y los políticos, a lo suyo: cuando la actividad se colapsó los ingresos cayeron y las promesas había que cumplirlas: déficit primero y deuda después.
  • El gran error del BCE y del BIS: Basilea 1 no ayudó a salir de la crisis y Basilea 2, incluso, la empeoró: en plena recesión se permitió el aumento del apalancamiento de las entidades.
  • El informe del BdE nos recuerda sus aciertos: limitó las grandes exposiciones de riesgo, no permitió dar de baja los créditos titulizados y mantuvo sus provisiones anticíclicas.
  • En definitiva, poca autocrítica y mucha para sus compañeros del sector público, nacional e internacional.

El viernes, ya a puntito de cerrar los que trabajan con horario de jornada intensiva y los que incluyen en el weekend la tarde del mismo día, el Banco de España (BdE) se nos descolgó con su prometido y esperado Informe sobre la crisis financiera y bancaria en España (2008-2014). Un documento de 257 páginas  (incluidos la portada,  los índices y los correspondientes anexos) que ya la noche del mismo viernes comentaban en las tertulias y en la mañana del sábado se desgranaba en muchos medios con cierta unanimidad: falta autocrítica.

No falta razón a los que  así lo apuntaron. El relato de los hechos es magnífico y no olvida nada, pero parece que el BdE estaba inmerso en los acontecimientos sin saber a dónde se dirigían éstos, por lo que no pudo hacer más de lo que hizo que estuvo, además, bien. Y probablemente es que fue así: el supervisor se vio tan superado por la realidad que iba de un sitio para otro con su botijo intentando apagar un fuego colosal, pero su botijo era bueno y siempre tenía agua. Lo que pasa es que los incendiarios esperaban que fuera el del botijo el que apagara el fuego y de la misma opinión era el público en general. Así que ahora nos preguntamos ¿para qué queremos un botijero? Pero vamos al relato.

A quien más culpa el BdE de la crisis es a la política monetaria, que varias veces califica de demasiado laxa para la realidad española. Política que dicta el Banco Central Europeo (BCE) al que exonera, también varias veces, diciendo que era la que necesitaba la Eurozona aunque España no. De esto ya le advirtieron sus inspectores en fecha tan temprana como 2006.

De todos es sabido que tipos anormalmente bajos, o si lo prefieren un crecimiento acelerado del crédito, termina por colapsar cuando los precios de los activos que garantizan la financiación, y que han subido porque todo el mundo puede financiar su compra, son inasumibles por los futuros compradores. En ese momento se deja de adquirir y lo que está en curso o pendiente de venta se pierde, los productores dejan de contratar, los trabajadores pierden sus empleos y lo que adquirieron no se puede pagar. El resto ya lo saben.

Luego están las políticas fiscales. Los gobiernos cosechaban superávit por la altísima actividad que se desarrolló gracias al crédito barato. Más actividad, más impuestos. Más ingresos, más promesas. Cuando la actividad se colapsó los ingresos cayeron y las promesas había que cumplirlas: déficit primero y deuda después.

Basilea 1 no ayudó mucho, lo dice el BdE, porque exigía poco patrimonio neto a las entidades. Se nos decía que el 8%, pero el BdE reconoce que era sólo el 2,8% puesto que la diferencia, hasta el 8%, se cubría con preferentes y subordinadas, que no son sino deuda, de peor calidad que el depósito, el 92% restante.

Así, una caída pequeña del valor de los activos de la banca, apenas un 2,8%, impedía restituir sus fondos a los acreedores que suponían el 97,2% de los fondos que prestaba la banca.

Esto no mejoró con Basilea 2, que entró en vigor el 1 de enero de 2008. Incluso empeoró para la financiación de vivienda que si ya estaba hiperapalancada en Basilea 1 (sólo se exigía que las entidades pusieran el 1,4% de su bolsillo en cada crédito) lo estuvo más con el cambio (se comenzó a exigir el 0,98% o lo que es lo mismo, en una hipoteca de 100.000€ el banco tomaba prestado a su vez 99.020€). Así que ya en plena crisis, se permitió el aumento del apalancamiento de las entidades.

Pero la culpa no es del BdE, porque la normativa es internacional, aunque el BdE participe en los organismos internacionales que la elaboren. Hasta 2011 no se corrigió este desaguisado y no se forzó a las entidades a que una parte mayor de sus recursos propios fueran eso: propios (patrimonio neto: capital y reservas) y menos deuda.

La deuda de las entidades  hubo que colocarla, en proporciones crecientes, fuera de España porque el país no ahorraba, sólo adquiría. Pero la deuda que se coloca fuera es en mercados y tiene vencimientos, que a partir de 2007 resultaron difíciles de atender.

El BdE nos recuerda sus aciertos: limitaba las grandes exposiciones de riesgo, no permitió dar de baja en los balances de las entidades los créditos titulizados y mantuvo, contra el parecer de los organismos internacionales, sus provisiones anticíclicas.

Es verdad que limitó las grandes exposiciones (volumen de crédito por grupo empresarial) pero como reconoce, no puso límites por sector y nuestras entidades tenían un elevado volumen de crédito invertido en el sector de promoción inmobiliaria con mucho apalancamiento por su parte.

Es verdad que no permitió dar de baja los créditos titulizados a las entidades, al contrario de lo que pasó en Estados Unidos (crisis de las subprime) pero a lo mejor fue peor. Si las entidades hubieran dado de baja los créditos cedidos, deberían haber valorado las garantías concedidas a los cesionarios y la crisis habría saltado antes. Como pasó en Estados Unidos.

Es verdad que mantuvo, contra el parecer de los organismos internacionales, las provisiones anticíclicas que llegaron a sumar 26.000 millones de euros, pero entonces se entiende mal que si las entidades juntaron todo eso, el ahorro sólo fuera, por esta medida, de 7.000 millones de euros de ayuda pública.

Nos faltan 19.000 millones de euros. ¿Dónde están? En los enjuagues que se hicieron con motivo de las fusiones frías (los famosos SIP o Sistemas Institucionales de Protección) que el BdE reconoce que fracasaron todos, después de ser el mecanismo por el que optó para concentrar el sector como modo de sanearlo. En los SIP, la valoración que se hizo de los activos de las cajas integradas permitió recuperar este esfuerzo de dotaciones que habían hecho en años anteriores. La recuperación se hizo aprovechando la excepcionalidad de la norma de valoración que se aplicó a la creación de los SIP, que nacieron zombies como demostraron los hechos posteriores. Y es que como el BdE sabe, aunque no quiso saber, la contabilidad es un relato que no puede cambiar la realidad, aunque se ajuste a Derecho.

Aunque el BdE se queja de las normas de gobernanza de las Cajas de Ahorros, tan antiguas como el sistema del que ahora celebramos sus primeros cuarenta años (vienen básicamente de la Reforma de Fuentes Quintana en 1977), no parece quejarse tanto de los directivos de las mismas como de la interferencia política en las mismas, lo que no se compadece con su actuación en los tribunales donde parece que persigue con denuedo a aquellos.

Luego, todo un montón de quejas sobre la incapacidad de los organismos nacionales e internacionales para acertar en sus previsiones (es interesante el relato que hace de las publicadas por todo el mundo acerca de cómo iba a ser 2012) y la ausencia de mecanismos legales para resolver las cosas (que ahora dice que tiene y que ha aplicado, por ejemplo, al Banco Popular).

En resumen: autocrítica poca para él mismo y mucha para sus compañeros del sector público, nacional e internacional.

Rodrigo de Silos

rodrigode@hispanidad.com