• La cifra la tomó Goirigolzarri del escenario más adverso de los test de estrés.
  • Las curiosas valoraciones judiciales de la OPV de la entidad nacionalizada.
  • El juez Andreu sólo se fía de las valoraciones de los peritos del Banco de España, no de sus superiores.
  • En cualquier caso, Bankia no pudo quebrar por un déficit de provisiones de 1.000 millones de euros. Eso era el chocolate del loro.
  • Pero, además, es que el señor Casaus, responsable de inspección de Bankia, asegura que no había déficit de provisiones.
  • En cualquier caso, la evolución de un banco en plena crisis, es simplemente, imprevisible.
  • Investigar a quien formula las cuentas, y sólo desde un punto de vista, no deja de resultar curioso.
El auto de la Audiencia Nacional le dice algo lógico al juez instructor, Fernando Andreu: el posible delito de estafa a inversores no es posible cometerlo por el Consejo de Administración de Bankia a solas. Requiere, necesariamente, la cooperación del auditor, que está ya investigado (antes imputado) y de las autoridades supervisoras. La actuación necesaria de éstas es por negligencia, si no fueron capaces de ver la falsedad de los datos, o por connivencia, si permitieron el uso de la información falseada. Hasta aquí todo es razonable. Lo que no es razonable, es el valor que se da a las pruebas de que se dispone hasta ahora. Principalmente, por el enorme valor que el propio juez ha dado a tres pruebas: los informes de los peritos judiciales, inspectores del Banco de España, señores Busquets y Sánchez, y los correos del inspector jefe señor Casaus, a su superior el señor Comín, hasta ayer director general adjunto de supervisión. Los primeros ponen en duda las cuentas de salida a bolsa. Resumiendo: afirman que había un déficit de provisiones de 1.000 millones de euros el 31.3.11. No cabe duda de que es una cantidad fabulosa para usted o para mí, pero ridícula para una institución como Bankia, que tenía unos activos, en aquel momento, de 300.000 millones de euros. No fue este déficit el que hizo caer a la entidad que en 2012 cosechó unas pérdidas de 18.000 millones de euros y que nadie, ni siquiera estos peritos, discute que se produjeron con posterioridad a 31.12.11, durante los mandatos de los sres. Rato (hasta mayo de 2012) y Goirigolzarri (desde mayo de 2012). El señor Casaus dice en sus correos cosas que nadie parece querer leer. En concreto, afirma que, a 31.3.11, (insistimos, fecha a la que se refieren las cuentas utilizadas en la salida a bolsa) Bankia disponía de provisiones en exceso por importe de 3.000 millones de euros, más que suficientes para absorber el posible (y discutido) déficit que achacaban sus compañeros peritos. Sin embargo, todo el mundo parece que sí lee las críticas al diseño que de la operación BFA-Bankia (ya saben banco malo matriz de banco malo) hace Casaus o las previsiones que hace este último sobre la mala evolución posterior (llega a vaticinar unas pérdidas futuras de 15.000 millones de euros) que espera de Bankia. No cabe duda de que Casaus acertó con sus pronósticos pero no eran más que eso: pronósticos que bien podrían haber errado aunque tengan el enorme valor de que los hace un experto. Al fin y al cabo, no todos los expertos se ponían de acuerdo y para muestra un botón: los inspectores que revisaban Bankia, que reportaban a Casaus, entre otros, y en formato de informe y no de correo electrónico opinativo, afirmaban que Bankia tenía provisiones suficientes para absorber la morosidad de su cartera durante los dos próximos años. Es decir: hasta bien entrado 2013. No fue así, pero algún valor tendrán también los pesados y razonados informes de los que revisaban las cuentas de Bankia en las fechas de autos. Estos informes obran en las diligencias del caso pero nadie parece querer entenderlos. Al menos la opinión publicada no. En 2011 nadie se ponía de acuerdo sobre si la crisis ya había tocado fondo o no. De hecho parecía que se había superado y, sin embargo, a finales de ese ejercicio y durante los meses siguientes, ya en 2012, las cosas de nuevo empeoraron. Lo dijo, entre otros el FMI en su famoso informe de mayo de 2012. Tal vez un Gobierno presuroso por decretar el final de la crisis se precipitó exigiendo más capital a las entidades e incentivando muy fuertemente a las cajas a salir a bolsa. Tal vez las direcciones de las cajas de ahorros, trufadas de políticos, querían acabar con la pesadilla de las vergüenzas de su mala gestión: al fin y al cabo los bancos también sufrieron la crisis, pero no tanto. Tal vez. Pero también, tal vez, Goirigolzarri se pasó dos pueblos provisionando todo lo provisionable para justificar unas ayudas que, en el caso de Bankia, ahora, parecen excesivas y que le permitieran aparecer como el salvador de la situación. Recordemos que en mayo de 2012, cuando se produce el relevo de Rato, la nueva dirección corrige las cuentas que hizo éste sobre los estados financieros a 31.12.11 en apenas  3.200 millones de euros y anunció que necesitaba otros 19.000 millones de euros de ayudas para afrontar los decretos de Guindos que se aplicaron a 31.12.12, cuando se cosechó el resultado necesario para justificar las mismas. ¿Y si Bankia no perdió 18.000 millones de euros en 2012? ¿Y si se sobrestimaron dichas pérdidas? ¿Y si el grupo BFA-Bankia no necesitaba 22.000 millones de euros? Porque aunque nadie duda de las cuentas de 2012 sí parece que la razón última de todo este embrollo está ahí: ¿cómo necesitaban tanto si apenas unos meses antes no estaban tan mal? Recuerden que los famosos 22.000 millones de euros salieron del escenario más adverso de los test de estrés. Escenario que, por cierto, nunca se cumplió. Pero a José Ignacio Goirigolzarri le vino de perlas. Fue esa la cifra elegida. Muchos habríamos hecho lo mismo porque se trataba de una entidad nacionalizada, es decir, rescatada con dinero público. Lo mismito que quiero ahora Podemos. Ahora bien, que conste en asta. Rodrigo de Silos [email protected]