• El popular servicio de mensajería cuenta ya con más de 900 millones de usuarios, casi el doble que cuando fue adquirida por Facebook.
  • Facebook empieza a rentabilizar sus productos, aunque WhatsApp no fue barato: costó 21.800 millones de dólares.
  • No incluirá anuncios, sino cuentas para empresas con las que aspira a ser un canal entre éstas y sus clientes.
  • En su pulso con las telecos, ha ganado en mensajes cortos desterrando al SMS, pero ha perdido en llamadas.
  • Otro tema cuestionado es la privacidad. Álvarez Pallete (Telefónica) señaló: "No hay productos gratis. Si es gratis, es que tú eres el producto".
Como saben, WhatsApp ya no cobrará al cliente, gracias a los beneficios obtenidos de su venta a Facebook. Pero no olviden que seguirá teniendo sus datos, que son los que constituyen su principal negocio. El popular servicio de mensajería instantánea, creado en 2009 por dos ex ingenieros de Yahoo, Jan Koum y Brian Acton, cuenta ya con más de 900 millones de usuarios, una cifra que es casi el doble de la que tenía antes de ser adquirida por Facebook. Cuando se anunció la operación (febrero de 2014), WhatsApp tenía 450 millones de usuarios. Pero tras el anuncio se revalorizó y en el momento en que se cerró la compra (octubre de 2014), contaba ya con 600 millones de usuarios. Sin embargo, dicha revalorización no sólo se vio en el aumento de usuarios, sino también en el precio final de adquisición. WhatsApp no fue nada barato: costó 21.800 millones de dólares, casi 3.000 millones más de lo que anunció en un principio. Pero ¿qué movió a Mark Zuckerberg a hacer tan desorbitante desembolso? Pues sencilla y llanamente, negocio. Estaba preocupado por el salto que podrían dar las nuevas generaciones a la mensajería móvil, sustituyéndola por las redes sociales tradicionales. Es decir, quiso anticiparse a la posible fuga de usuarios… y parece que acertó en su estrategia. Claro que Zuckerberg también estaba inquieto por otro asunto: la edad de los usuarios de Facebook había aumentado y muchos adolescentes no querían estar en la misma red social que sus padres. De hecho, según los últimos datos de un estudio del banco de inversión estadounidense Piper Jaffray: el 33% los jóvenes prefiere Instagram; el 20%, Twitter; el 19%, Snapchat y el 15%, Facebook. Sin embargo, Zuckerberg también supo anticiparse, ya que en abril de 2012 compró Instagram por 1.000 millones de dólares y algo más de un año después, en noviembre de 2013, intentó hacerse con Snapchat, aunque su oferta de 3.000 millones fue rechazada. En estos momentos, la gigantesca red social de Mark Zuckerberg está empezando a rentabilizar sus productos. En WhatsApp, tras el fin de la famosa tasa anual, no va a incluir anuncios, sino cuentas para empresas. De esta manera, aspira a ser un canal entre compañías y clientes, es decir, una especie de servicio de atención al cliente. No cabe duda de que WhatsApp, en su pulso con las telecos, ha ganado en mensajes cortos, pues ha desterrado al SMS. Sin embargo, ha perdido en voz, pues las llamadas a través de WhatsApp no tienen la misma calidad que las llamadas normales, aunque la mayoría de las veces no funcionan. Otro tema que se cuestiona al hablar del servicio de mensajería instantánea y también de Facebook, entre otras redes sociales, es la privacidad. El pasado mes de agosto, José María Álvarez-Pallete, primer ejecutivo de Telefónica, señaló: "No hay productos gratis. Si es gratis, es que tú eres el producto". Y esa es la clave. WhatsApp ha vuelto a ser gratuito totalmente -pero su precio era barato, inferior a 1 euro al año- y Facebook tampoco cobra por su uso, así que en ambos, como en tantos otros (Instagram, Twitter, Snapchat, Google, etc.), el usuario -en concreto, sus datos- son el producto. Y ¡ojo! porque la Justicia europea ya ha puesto en tela de juicio que Facebook respete la privacidad de los datos de sus usuarios. Además, el TJUE ha anulado también una decisión de la Comisión Europea que declaraba a EEUU como safe harbour (puerto seguro), permitiendo el envío de datos personales a los servidores situados al otro lado del Atlántico. Cristina Martín [email protected]