• El escándalo por la manipulación de las emisiones de gases en EEUU sacude las estructuras de la multinacional.
  • VW acelera la investigación, urgido por el daño reputacional, eleva a 11 millones los coches 'sospechosos' (o sea, el fraude ha sido global) y anuncia una provisión de 6.500 millones.
  • La pregunta sin responder es si hubo connivencia o falta de control, pero el representante del Estado de Baja Sajonia (controla el 20% del grupo) da por seguros los cambios en la cúpula.
  • Martin Winterkorn, el Ceo, ha duplicado el tamaño del fabricante, pero ha tropezado en su prioridad desde 2014: el mercado americano.
  • Secuelas: el escándalo afecta a fabricantes no expuestos en EEUU (Renault y Peugeot)  y otros (Daimer o BMW) se ponen a salvo.
Volkswagen no saldrá fácil de la crisis que se ha provocado a sí misma con la manipulación en las emisiones de gases en sus modelos diésel vendidos en Estados Unidos. Una vez que la empresa ha admitido que amañó el programa informático en varios modelos, entre 2009 y 2015, las dudas se ciernen ahora en si hubo connivencia en ese fraude o falta de control y de eso dependerá las cabezas que rueden. Y la cosa arrecia, sobre todo cuando el grupo ya ha reconocido también, este martes, que el software utilizado para engañar en EEUU podría afectar a 11 millones de automóviles en todo el mundo, no sólo casi medio millón vendidos en América. En otras palabras, que el fraude ha sido global. Por eso ha anunicado una provisión en el tercer trimestre de 6.500 millones de euros, no para las multas, sino para reparar los vechículos. La bolsa ya ha adelantado un duro castigo al valor (este martes vuelve a caer). Pero ese tropiezo, que afecta, como decíamos ayer en lo que más duele al grupo, el daño reputacional, puede terminar en cambios importantes en la cúpula del grupo. De momento, está comandado por el Ceo, Martin Winterkorn (en la imagen). Pero Winterkorn es también, ahora, uno de los ejecutivos más cuestionados. Esta semana iba ser su gran semana. Tras la guerra librada con el histórico Ferdinand Piëch, que ganó, estaba previsto que este mismo viernes presentara al Consejo de Administración su estrategia para reestructurar el grupo. Todo ha cambiado en un par de días por algo más urgente: saber qué pasó en EEUU y quién fue el responsable del fraude a los clientes y las autoridades. El consejo no esperará al viernes: se reúne este miércoles tratar en profundidad el escándalo. ¿Caerá Winterkorn? De momento no se sabe, aunque sí que rodarán cabezas. Se ha pronunciado en ese sentido, este martes, el responsable de Economía del Estado de Baja Sajonia, Olaf Lies. Y Lies no es un cualquiera en VW: es miembro del Consejo de Supervisión (no ejecutivo) del grupo porque Baja Sajonia controla el 20% del capital del grupo automovilístico. Y ese Estado, que fue clave para que Winterkorn ganara el pulso al entonces todopoderoso Piëch, podría ser decisivo ahora para contribuir a su ocaso. Al fin y al cabo, EEUU, que fue ha sido la gran prioridad de Winterkorn desde 2014, puede convertirse también en su pesadilla. Es cierto que el grupo, durante su mandato, ha duplicado la producción de vehículos, hasta los 10 millones de unidades, y que es, junto a Toyota, el mayor fabricante de mundo. Pero a Winterkorn se le acusa también de haber perdido el control. Y una prueba de ello es que en los últimos 16 meses se ha investigado al grupo en EEUU y no se sabe muy bien que han hecho durante ese largo periodo Winterkorn y sus hombres de confianza. Mientras tanto, las duras acusaciones contra Volkswagen en EEUU tienen secuelas en otros países. Ya han anunciado investigaciones paralelas Alemania o Corea del Sur, por ejemplo. El resto de la historia es conocida, pero todos los datos nuevos son sorprendentes. Por ejemplo, que fue en mayo de 2014 cuando las autoridades medioambientales americanas (EPA, por sus siglas en ingles), y los reguladores del Estado de California alertaron a Volkswagen de sus sospechas de fraude en la emisión de gases. Así consta en la carta enviada el pasado viernes, 18, por la EPA, en la que se añade que "sólo entonces Volkswagen comenzó a admitir que había diseñado e instalado un dispositivo de anulación de esos gases en sus vehículos con un sofisticado algoritmo de programación que detectaba cuando un vehículo estaba siendo sometido a pruebas de emisiones". Son acusaciones muy duras por las que la compañía alemana se enfrenta a una multa que puede superar los 18.000 millones de dólares, 5.000 millones más que su beneficio en 2014, que dañan seriamente también su liderazgo y reputación. La compañía ha confirmado los hechos y ha encargado una auditoría externa. El propio Winterkorn ha entonado el mea culpa. Además de la multa, eso supone que tendrán que reparar los cerca de medio millones de vehículos que vendió en esas malas condiciones desde 2009 (modelos emblemáticos de de WV como Jetta, Golf, Passat o Audi3) y que no será pocas, probablemente, la demandas de los propios consumidores. Tras el escándalo no sólo han caído las acciones de VW. También ha afectado a otras compañías del sector, como Renault y Peugeot, por el temor a un riesgo de contagio, aunque no están expuestas en Estados Unidos. Otras compañías, como Daimler y BMW se han apresurado a precisar que no han sido informadas de ninguna investigación por las la EPA norteamericana o que sus vehículos cumplen todas las exigencias. Rafael Esparza [email protected]