• Le hace "muchísima ilusión" presidir Kutxabank, pero "hay retribuciones en el sector siete, ocho o diez veces elevadas".
  • Y desvela además que llegó a un acuerdo con el banco en verano, ¡tres meses antes de que dimitiera Mario Fernández!
  • La acusación contra el anterior presidente, dice, ha transcendido "más de lo que nosotros hubiéramos querido".
  • Pero fue el propio Consejo de Administración, con amplia mayoría del PNV, el que decidió comunicar los pagos al socialista Cabieces.

El sucesor de Mario Fernández al frente de Kutxabank, Gregorio Villalabeitia (en la imagen), ha comparecido este jueves en rueda de prensa para informar de los resultados, pero se ha convertido en la diana de los periodistas por dos cuestiones que le afectan directamente desde hace tiempo: su sueldo, que decidió subirse un 70%, y el caso de unos pagos irregulares al socialista Mikel Cabieces, ex delegado del Gobierno en el País Vasco, durante la etapa de Fernández. De los resultados ya hemos dados cuenta: el beneficio se sostiene con las comisiones por los fondos de inversión y trucos contables.

Villalabeitia ha sido foco de atención, sin embargo, más que por los resultados, por la polémica que le envuelve. Ha pretendido dar un aire de normalidad a la subida de su sueldo, a pesar del notable aumento. Y lo necesitaba: la polvareda política suscitada en el País Vasco no es menor. Ya saben, entre fijo y variable, cobrará 800.000 euros, un 70% más que Fernández, que cobraba 463.500 euros. Lo que ha venido a decir, para que me entiendan, es que lo presidir Kutxabank es una encomienda preciosa, pero no iba a dar el paso cobrando bastante menos que antes. Eso por un lado. Y por otro, que todo eso ya quedó claro cuando le ofrecieron el cargo en verano. Ergo, Mario Fernández, que dimitió en noviembre, ya era una persona incómoda para Kutxabank meses antes marchase. Es un modo de poner en evidencia, como señalábamos ayer, el intríngulis del 'caso Cabieces', con el que se pretende fastidiar a Mario Fernández.

Villalabeitia ha asegurado que su sueldo no empañará su gestión, basada en objetivos de eficiencia y pactada en un mercado libre. Vamos, que ya en verano llegó a un acuerdo para presidir el banco, algo que le hizo "muchísima ilusión", y que eso suponía cobrar menos que lo que cobraba hasta entonces. "Hay retribuciones en el sector -ha dicho- siete, ocho o diez veces elevadas".

¿Y qué ha dicho sobre la denuncia de la propia Kutxabank contra Mario Fernández? También normalidad, a pesar de que el Consejo de Administración de la entidad decidió ayer, en reunión extraordinaria, no personarse en las diligencias previas abiertas por el Juzgado. Es otro de los casos, ya en curso judicial, que sobrevuelan como un sambenito sobre Villalabeitia. Se lo contábamos ayer también: la razón esgrimida para esas pagos, supuestamente irregulares, de 243.593 euros a Cabieces fueron defendidos por Mario Fernández por la vinculación del socialista a la lucha antiterrorista. Cabieces sostiene lo mismo: que estaban "justificados" y que su situación actual es "un daño colateral de una guerra ajena". Velada alusión al trasfondo político del PNV en toda esta cuestión. Ni el PNV quería ya a Fernández -un nacionalista moderado y ex vicelehendakari-, con el que discrepaba sobre sus planes para sacar a bolsa la entidad, ni al PNV le pareció bien que se pagara a Cabieces por su implicación en la lucha contra ETA.

Para Villalabeitia, como quien dice, todo este lío le viene como a quien no quiere la cosa y se ha desmarcado. Así lo ha dicho: "Si a uno le informan de algo que, en principio, parece irregular, tienes que tomar decisiones por duras que tengan que ser" (así se lo dijo al Banco de España y al BCE). Claro, y él tuvo que actuar en consecuencia; o el Consejo de Administración, en el que el PNV tiene una sobrada mayoría.

La idea, ha añadido, era "evitar el riesgo reputacional". Pero no ve contradicción entre la comunicación del caso a la Fiscalía de Vizcaya, con la que se abre el caso, y no personarse después en las diligencias. Y ahora, faltaría más, lo que quiere es distanciase del lío que "no ayuda para nada a Kutxabank".  Y a partir de ahí, paradójico, endurece de nuevo el tono: se defenderá "con uñas y dientes" de cualquier cosa que suponga "una amenaza para la credibilidad de la institución".

No se acaba de comprender, en fin, que si lo que pretendía Kutxabak era que se compensara un "quebranto" (lo abonó con su dinero el propio Fernández) y que el caso, al mismo tiempo, "no trascendiera demasiado". Y eso es precisamente lo que ha pasado, pero por culpa de la entidad. En palabras de Villalabeitia, "más de lo que nosotros hubiéramos querido". Y eso, a estas alturas, es algo que les "incordia" (sic).

Rafael Esparza

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