• Lo que empezó como un levantamiento popular que pedía reformas y apertura en mitad de las «primaveras árabes», que se extendieron también a Túnez, Libia, Egipto y Yemen en 2011, se convirtió pronto en una cruenta guerra civil.
  • Con el paso de los años, ha terminado en una especie de mini guerra mundial con países como Rusia e Irán (chiitas) alineados del lado del Gobierno y Estados Unidos, Turquía, Catar o Arabia Saudí (sunitas), apoyando a los diferentes grupos de una oposición atomizada y con un carácter cada vez más islamista.
  • A todo ello hay que añadir la irrupción del Estado Islámico (Daesh) en la guerra, iniciando una cruel persecución a los cristianos y otros grupos étnico-religiosos, que provocaron su desbandada para huir del terror.
  • La alegría por el desmoronamiento en diciembre del califato establecido por el grupo yihadista Daesh apenas duró unos días y su final no supuso la llegada de la calma…

Se cumplen siete años de guerra en Siria. Desde que estallaran las primeras protestas populares en 2011, más de 511.000 personas han muerto (un tercio civiles), entre ellas al menos 24.000 niños. Han transcurrido 2.555 días desde que miles de sirios se echaron a las calles aquel 15 de marzo contagiados por la llamada primavera árabe. El conflicto ha dejado una población civil hambrienta y exhausta que hoy solo ansía la paz, recoge El País. Lo que empezó como un levantamiento popular que pedía reformas y apertura en mitad de las «primaveras árabes», que se extendieron también a Túnez, Libia, Egipto y Yemen en 2011, se convirtió pronto en guerra civil. Los manifestantes no tardaron en responder con armas a la brutal represión de un Bashar Al Assad que desde el primer momento recurrió al uso máximo de la fuerza para mantener su puesto. Las movilizaciones se convirtieron en una guerra civil que, con el paso de los años, ha terminado en una especie de mini guerra mundial con países como Rusia e Irán (chiitas) alineados del lado del Gobierno y Estados Unidos, Turquía, Catar o Arabia Saudí (sunitas), apoyando a los diferentes grupos de una oposición atomizada y con un carácter cada vez más islamista, recuerda ABC. A todo ello hay que añadir la irrupción del Estado Islámico (Daesh) en la guerra, iniciando una cruel persecución a los cristianos y otros grupos étnico-religiosos, que provocaron su desbandada para huir del terror. En el caso de los estadounidenses, después de fracasar en su intento de formar una «oposición moderada», apostaron por las Unidades de Protección Popular Kurdas (YPG) como su gran aliado para combatir a Daesh, aunque les han dejado en la estacada en Afrín ante la ofensiva lanzada por Turquía, que considera a las YPG «terroristas» por ser el brazo sirio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Israel también forma parte directa del conflicto y no ha dudado a la hora de bombardear objetivos en Siria relacionados con la milicia libanesa de Hizbolá o Irán, sus dos grandes enemigos que combaten de la mano en Siria para apoyar a Assad. Siete años después, Assad sigue siendo presidente y se le puede considerar el vencedor militar de la guerra, aunque su poder ya no llega a todo el país. Los civiles –además de los cientos de miles de muertos el conflicto deja 5,6 millones de refugiados y una cifra similar de desplazados– son los grandes perdedores y Naciones Unidas ha vuelto a demostrar su incapacidad de resolver una gran crisis. Nadie hace caso a los llamamientos del organismo internacional y las resoluciones del Consejo de Seguridad son imposibles de aplicar sobre el terreno. La alegría por el desmoronamiento en diciembre del califato establecido por el grupo yihadista Daesh apenas duró unos días y su final no supuso la llegada de la calma, sino que permitió a todas las partes implicadas lanzar nuevas operaciones para consolidar sus zonas de influencia. Así que la guerra se libra ahora en Guta y Afrín, los últimos lugares señalados en un mapa donde Homs, Deir Ezzor, Palmira, Raqa, Kobane o Alepo ya han sufrido el azote de la violencia. Esta lista no para de aumentar y Jan Egeland, responsable del Norwegian Refugee Council y asesor de la ONU en Siria, aprovechó este séptimo aniversario para alertar del «próximo estallido de tremendas batallas en Idlib (al norte del país y bajo control del brazo sirio de Al Qaeda) y Deraa (al sur, en plena frontera con Jordania)». Andrés Velázquez [email protected]