• Las petroleras no querían ser tan grandes desde el año 2000, cuando otra caída del crudo dio lugar a gigantes como Exxon, Chevron o BP.
  • Royal Dutch Shell, la tercera del mundo, compra por 62.269 millones la antigua British Gas, tercera energética británica.
  • La angloholandesa quiere crecer, sí, pero también acceder a reservas de gas de primera calidad para competir con Exxon Mobil y Chevron.
  • Shell no ha acertado con el 'fracking' en EEUU y quiere volver, de la mano de BG, a grandes proyectos en alta mar.
  • La británica opera en 24 países y tiene activos rentables de crudo y gas en Brasil y de gas natural licuado en Australia.

El acuerdo entre Royal Dutch Shell para adquirir por 62.269 millones de euros BG Group tiene dos lecturas, una simple y otra compleja, como prefieran. Es simple porque el objetivo no es otro que creer, ser más fuerte: BG es la tercera energética británica y la angloholandesa Shell, la tercera petrolera del mundo. La otra lectura, más interesante, está en los entresijos mismos de una industria, la de hidrocarburos, en fase de trasformación por efecto de la caída de los precios del petróleo.

Aparte de crecer, por tanto, la operación permitiría a los dos grupos europeos recortar la superposición de costes (en exploración, por ejemplo) para compensar el impacto en sus resultados de la caída del crudo y del gas. Las sinergias generadas por la fusión superan los 2.100 millones de euros. Hay, además, otro factor a tener en cuenta: es la unión de una gran petrolera y una compañía gasista, antes conocida como British Gas.

Esa combinación daría a acceso a Shell a reservas de gas de primera calidad para competir con sus grandes rivales como Exxon Mobil, la mayor del mundo, y Chevron.

Y en medio de todo este proceso es interesante no perder de vista el fracking (fractura hidráulica), que ha cambiado las reglas del juego en la extracción de petróleo y gas, sobre todo en Estados Unidos. En esa pelea, Shell -también una de las grandes compañías de gas natural- no acertó en su estrategia: compró activos de gas de esquisto pero con resultado decepcionante. Volvería así, de la mano de BG Group, a grandes proyectos en alta mar, más rentables.

BG Group opera en 24 países, entre ellos varios hispanoamericanos, como Honduras, Colombia, Brasil, Bolivia y Uruguay. El grupo británico también daría acceso a Shell a rentables activos de petróleo y gas en aguas de Brasil, el este de África y un amplio proyecto de gas natural licuado (GNL) en Australia. También la división de venta y marketing de gas natural de la británica encaja con la cartera de gas de la americana y su experiencia en el negocio de gas natural licuado.

La operación es la de más envergadura desde hace más de una década. Fue, en concreto, en 2000 cuando se vivió una situación parecida a la actual por la caída de precios del crudo, lo que dio lugar a grandes operaciones como la compra por BP de Amoco y la fusión de Chevron y Texaco. En aquel momento nacieron los grandes gigantes actuales como BP, Chevron o ExxonMobil.

Una vez más, el pez grande se come a uno más chico: la capitalización bursátil de Shell es de 202.000 millones, frente a los 46.000 millones de BG, cuyos accionistas, según el acuerdo, serán los propietarios del 19% del grupo resultante.

Rafael Esparza

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