• El presidente del Gobierno dice sí… mientras gobierne la isla más votada.
  • Mientras mantiene en silencio a Soraya y a Margallo… y hasta la propia Cospedal.
  • Pero Sánchez está en plan montaraz: no acepta los consejos del felipismo ni del susanismo.
  • Y ojo, porque podría haber rebelión interna de los socialistas andaluces, manchegos y extremeños.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos, teme acabar como Rosa Díez, la mujer de UPyD, que representó una auténtica revolución, el dolor de muelas del PP… y luego acabó como acabó: en nada. No quiere que le ocurra lo mismo y ha decidido crear doctrina. Su doctrina ya no es la jacobina unidad de España sino detener a los neocom de Podemos, que además de no ser muy patrióticos constituyen un peligro liberticida: lobos con piel de cordero. Por eso intenta el pacto con el PP y el PSOE. Un tripartido anti-Podemos para pararle los pies a Pablo Iglesias, el voto de los desencantados. El pacto es muy simple: gane quien gane, el futuro gobierno estará formado por los tres partidos o una combinación de la troika. Los nombres pueden ser incluso independientes (la tesis Mario Monti) y la única línea roja será parar a Unidos-Podemos. Respuesta de Rajoy: sí mientras gobierne la lista más votada de las tres. Problema: Rajoy no se hace a un lado como pretendía Rivera y, encima, mantiene condenados al silencio a cualquiera de sus sustitutos: Soraya, Margallo y hasta la mismísima Cospedal. Por su parte, lo de Sánchez es peor. Sánchez no renuncia a ser presidente del gobierno. Por tanto, está abierto a todas las opciones, incluido el pacto con Podemos y el Frente Popular. Felipistas y susanistas le han dicho que si se empeña en ello, le puede ocurrir que los diputados de Podemos le voten pero no los del PSOE. De entrada, el grupo parlamentario podría romper, y el partido también, con la espantada de los socialistas, andaluces, extremeños y manchegos. Pero don Pedro es como es. No obstante, en principio, si la matemática electoral le compensa, está dispuesto a romper con Iglesias. En cualquier caso, Rivera intenta parar a Iglesias con un doble objetivo: por el bien de España y por el bien de Ciudadanos. Y no tiene por qué salirle mal. Eso sí, ningún anti, ni tan siquiera el anti-Podemos, puede formar un cuerpo ideológico. Y ese es el problema: que tanto PP, como PSOE, como Ciudadanos, forman parte del mismo tronco: la nebulosa progresista, que no constituye ningún cuerpo doctrinal sino un conjunto de odios, cuando no de caprichos y manías. Como ejemplo, el que ya hemos puesto mucha veces en Hispanidad: en lo único que se parecen los tres partidos (y también Podemos -el cuarto-) es en su anti-cristianismo. Eulogio López [email protected]