• Cambia el escenario de bajos precios del crudo y gas, y también el resultado: de negativo a positivo (1.736 millones).
  • La reducción de costes asciende a 1.600 millones, eficiente cumplimiento del plan estratégico.
  • Y el bombeo de petróleo aumenta un 23%, más de 690.000 barriles diarios.
  • Por eso el resultado de explotación aumenta un 18%, impulsado en el último trimestre.
  • El grupo, además, reduce su endeudamiento un 32%, hasta 8.144 millones de euros.
Noruega ha tomado conciencia en los últimos años de su elevada dependencia económica al precio de los combustibles. Y eso que puede considerarse la principal empresa petrolífera, por la vinculación del bienestar de toda su población a la evolución del mercado del petróleo y el gas. Por ello ha empezado a tomar medidas para rectificar la base de su modelo económico, con la idea de que sea más estable y sostenible en el tiempo. Y eso, siendo creíble que el final de la era del petróleo no será por su agotamiento físico sino por la pérdida de su viabilidad económica y técnica. Ha creado trabas, por ejemplo, al uso de gasolinas en el uso de vehículos a motor. Es un paso importante del que deberían aprender las empresas, algo, me temo, que Repsol deberá asumir, sobre todo porque el cambio de modelo de negocio puede resultar brutal. Si su negocio depende tanto del precio del petróleo, mucho debería preocuparse, porque la inteligencia económica del equipo directivo es consciente del dolor de muelas que tiene ante la geopolítica del crudo. Eso, o intentar manipular el precio del crudo, guardando en enormes tanques flotantes la producción como ya hizo Shell el año pasado. El mercado del petróleo es de todo menos regulado y transparente. Todo un incentivo para las petroleras. Valga este comentario, reconociendo que los resultados de Repsol en 2016 (con un beneficio de 1.736 millones de euros, 3.100 millones más que en 2015), rompen todos los esquemas sobre las previsiones más optimistas. Es el mejor resultado de los últimos cuatro años. Reconoce el grupo que los resultados proceden, en parte, del éxito de su programa para responder a la caída de los precios del crudo y de gas -los mismos que provocaron importantes deterioros extraordinarios en 2015 ante la posible continuidad ese escenario-, y también del recorte de gastos. Y jugando con un breakeven entorno a los 40 dólares por barril. Como baje ya veremos si se aguanta el beneficio. En concreto, el resultado de explotación (Ebitda) ha aumentado un 18%, como consecuencia de una reducción de costes operativos en más de 1.600 millones, un objetivo marcado en su plan estratégico que lo han cumplido de manera eficiente. La producción de petróleo también ha tenido mucho que ver, con una media de más de 690.000 barriles diarios, un 23% más que en 2015, dada la contribución de los mercados de extracción, entre los que curiosamente encontramos a Noruega. Más producción y menos costes son igual a igual a más beneficio. En todo ello juega un papel protagonista la evolución del último cuatrimestre, con incrementos en los ingresos netos de 2.846 millones respecto al mismo periodo de 2015. Todo esto conduce a que el comportamiento de su endeudamiento haya sido muy adecuado, con una reducción del 32%, hasta los 8.144 millones de euros. De hecho, la ratio de su deuda neta sobre Ebitda se sitúa en 1,6 veces. En ello ha tenido mucho que ver la política de desinversiones llevado a cabo a lo largo de 2016, que incluyó la venta de un 10% de Gas Natural. Y todo esto, con Macri de feria por España, buscando inversores. Quizá Repsol quiera recuperar YPFRodrigo de Silos [email protected]