• ¿La razón? Que un Rajoy, acorralado por el Caso Bárcenas y por el Frente Popular, no se fía de su número dos.
  • Y lo que más teme el presidente: la vice está creando equipo.
  • Pero no es sencillo. Se trata de buscar un sustituto, que podría ser Montoro. Eso sí, con un nuevo portavoz.
  • La vicepresidenta bromea con sonrisa eléctrica cuando se le pregunta por ello. "Yo soy una señora… creo que, en mi pueblo, Soria, no han nombrado candidato". La verdad es que ella no se lo cree.
  • Rajoy y Soraya se parecen en algo: lo único que les inquieta es perder poder. De principios, lo justito.

La fontanería de Moncloa -sector Presidencia- vuelve a entrar en ebullición. El presidente del gobierno, en uno de sus nuevos bandazos, insiste en librarse de su segunda, la todopoderosa vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría (en la imagen), empaquetándola como candidata del PP al Ayuntamiento de Madrid.

Ocurre que Mariano no se fía de Soraya. El presidente vive obsesionado con el Caso Bárcenas donde podría ser imputado, y con la creación -que él no ve tan imposible- de un Frente Popular que uniera al PSOE, IU y Podemos, para expulsar al PP del poder, naturalmente en pacto postelectoral.

A Rajoy le ha sabido a cuerno quemado que el lenguaraz y muy maleducado primer ministro griego, Alexis Tsipras haya achacado la dureza de España con Grecia a los problemas internos españoles. En definitiva, que a Pablo Iglesias le expulse del poder. Lenguaraz el caradura griego, pero lo cierto es que a Rajoy le ha molestado.

Que en esas circunstancias, doña limpia de polvo y paja, es decir, su segunda -que blasona de que a ella no le afecta la corrupción- dé un paso al frente. Rajoy está convencido de que aprovechará su momento para dar el salto a la jefatura y por eso quiere apartarla de Moncloa y lanzarla a la Alcaldía de Madrid… si es que logra hacerse con el cargo.

Hasta finales de legislatura, puede contar con el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, como vicepresidente, aunque tendría que buscarse un portavoz, porque Montoro no tiene filtro.

Le preocupa a Rajoy que su segunda esté formando su propio equipo; cada vez son más los ministros y diputados del PP que se aproximan a Soraya convencidos de que si se produce un cataclismo antes de las elecciones, sólo ella puede ser la nueva candidata del PP al Moncloa.

¿Y qué piensa la interesada? Pues no se lo cree, a pesar del runrún que día sí y día también llega a su despacho. Se haría un buen negocio comprando a Soraya por lo que vale -que no esposo- y vendiéndola por lo que cree que vale. De hecho, ante los periodistas, pone la mejor cara cuando le preguntas si va a ser desterrada a la corporación municipal madrileña: "Yo soy una señora", asegura, en tautología imposible de descifrar. "A lo mejor podría ir por mi pueblo, Soria, que todavía no tiene candidato, creo", asegura refiriéndose a Berlanga de Duero, provincia de Soria, de donde proceda su familia, aunque ella ya naciera en Valladolid.

El viernes 13, Soraya, en una alabanza que llevaba una carga de profundidad muy peligrosa, alababa a su presidente de esta guisa. "No creo que la naturaleza del presidente del gobierno se inquiete por muchas cosas". Al final, Rajoy y Soraya coinciden en algo: lo único que les inquieta es perder poder. De principios y bien común, lo justito.

Eulogio López

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